/DIOS SE PUSO DE PARTE DE LOS GRINGOS? ?ES TODO PURA COINCIDENCIA??DESCARTAMOS AL Haarp? (Eligio Damas)

Eligio Damas From: damas.eligio@gmail.com To: George Diaz Sat, Jun 27 at 11:51 AM ¿Dios se puso de parte de los gringos? ¿Es todo pura coincidencia? ¿Descartamos al Haarp? Eligio Damas Nada es azaroso. Eso lo sé. Cada cosa tiene sus motivos. Pero sucede que el hombre, por distintas razones, puede buscarlos donde no es, como si estuviese demasiado apurado o predispuesto a no hallarlos, para que de ellos no se sepa y permanezcan escondidos. Suele apelar a lo inmediato, lo que le conviene y parece útil para sus fines; más si él hace de político. Como también hay quien se apresura a esconder o negar todo aquello que le conviene, nadie vea o de ello se entere. Pero también hay mucha gente cuidadosa, que se atiene a la ciencia y lo posible, a quienes hay que atender, pues con ellos no se pierde el tiempo, menos se llena uno de lo convencional, tampoco de emociones, que llevan a buscar culpables donde no los hay y definir como enemigo a quienes no lo son. Cuando en 1812 se produjo el terremoto de Caracas, que según algunos “expertos”, tuvo la magnitud del de ahora, desconozco si tal comparación es posible y valedera en su magnitud, los monárquicos caraqueños tuvieron en unos curas, entre ellos, Narciso Coll y Prat, que explicaron aquello como un castigo de Dios por la insolencia implícita en el desconocimiento del poder monárquico español. La iglesia caraqueña, como la española toda, estaba al servicio de la corona y por ende al sistema colonial y no de Dios y menos de las víctimas, Por aquel irrespeto a Dios, al derecho y voluntad de los independentistas, un joven mantuano caraqueño, de los primeros rebeldes, respondió diciendo, con vehemencia, “si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. Y él, y muchos que en él creyeron, continuaron con energía, pese las vicisitudes, su lucha heroica hasta llegar a Carabobo. El caraqueño inmortal habló de la “naturaleza”, sin ser específico, como aludir al comportamiento de las capas tectónicas, pero no de Dios y, menos, a este ofendió, lo que sería ofender a sus creyentes, que era y es, casi el pueblo todo. Los expertos en eso que llaman sismología, tal como les corresponde, explican lo acontecido en un brusco desplazamiento de la capa terrestre y como suelen hacerlo, hablan de un epicentro, punto de arranque. Es decir, de un comportamiento de la naturaleza debido a unas causas comprobables. Es posible que algún “cura”, que no tiene que ser sacerdote católico, pues “en todas partes cuecen habas”, hable de un “castigo de Dios”, más cuando hay quienes han venido diciendo que, en Venezuela se ha intentado violar leyes divinas para implantar un comunismo extraño, donde los ricos de siempre, los de antes y los nuevos, de adentro y afuera, cometieron el pecado de castigar severamente a la multitud, por atreverse sólo a soñar. Por supuesto, me acojo a las explicaciones científicas que hablan de un movimiento de la naturaleza, quizás estimulado por los malos procederes humanos, conscientes, deliberados o no, durante largos años. Pero también percibo como, ese movimiento de la capa terrestre se produce en un momento crucial de la historia venezolana, poco tiempo después que Trump, valiéndose de la superioridad tecnológica de su país, produjo un cambio en la estructura gubernamental del nuestro. Y, este desplazamiento político, generó cambios de distinto orden que, en las necesarias relaciones diplomáticas entre ambos gobiernos, al norteamericano puso en ventaja. Pero lo acontecido, sin duda, generó un cuadro, nada ilógico, como no lo es que el fenómeno telúrico, buscando el mejor acomodo de las capas terrestres, haya ocasionado graves daños, hasta una tragedia, en quienes en ellas estaban aposentadas. Si bien es verdad que, Trump, con su magia o como movimiento telúrico del 3 de enero, produjo un cambio y puso a su favor al Estado todo, por las razones que sean, generó mucha desconfianza y molestia, entre factores partidarios del gobierno y mucho más en quienes soñaban con que ese plan, de inmediato, los llevase a Miraflores. Hubo, en Trump mismo, un desplazamiento, como su preferencia, puramente convencional, oportunista, por quienes están en el gobierno en lugar de sus aliados de siempre y por la “naturaleza” misma. Quedó como una falla, un acomodo tectónico de capas peligroso, inseguro. Lo que seguramente, le tuvo y tiene, pensando en más cosas de las que había hecho para lograr que todo se estabilizase. Si nos atenemos a lo alegado por los curas católicos de la Caracas de 1812, Dios, ahora, el 24 de junio, acudió en ayuda de Trump y produjo ese desplazamiento de capas, desdicha, horror y tragedia, para “asegurarle más”, la reciente “amistad” con el gobierno emergido por la hecatombe del 3 de enero. Pero también dejó o provocó, una reacción destinada para promover un reacomodo de capas políticas. Pues el estado de ánimo desatado en ciertos sectores de Venezuela, tiene muchos rasgos del interés por promover un cambio gubernamental y no el inherente a la condición humana, la de ayudar, socorrer a las víctimas. La naturaleza pues, hablando de manera equilibrada, produjo un fenómeno, como deliberado, por el momento político, que viene a sumarse en beneficio de Trump y los capitales de EEUU, pero también en favor de quienes quedaron inconformes, porque lo acontecido el 3 de enero, no los introdujo en Miraflores. Tanto es esto así que, es por demás evidente que, la tragedia está siendo asumida, como un instante y causal para promover el cambio que, según ellos, quedó inconcluso el 3 de enero. A Trump, la catástrofe, provocada por la naturaleza, se le suma en su favor, pues más debilita y hace manejable al gobierno. En medio de esto, algunos, quizás más inteligentes e informados que quienes estamos un poco quedados en el pasado, aguijoneados por la extraña, oportuna o inoportuna coincidencia, entre el 3 de enero y el 24 de junio, pusieron en el debate el programa conocido como Haarp. Y armaron su narrativa, según la cual, se pudo hacer uso del mismo para provocar la catástrofe venezolana del 24 de junio. En lo que a mi concierne, quedado en el pasado, pese no desconocer de cuánto es capaz el hombre de hacer, por la subsistencia y la avaricia y sabiendo de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, el regadero de napalm en Vietnam, de lo acontecido en Nueva York el 2001, con las torres gemelas, asunto sobre el cual hay narrativas encontradas y tanto terrorismo, no me siento ganado para darle pertinencia o sensatez a lo del Haarp, en lo que respecto a la catástrofe venezolana. Pero tampoco, mi empeño en procurar, hasta donde me lo permiten mis herramientas, encontrar explicaciones sustentables en lo racional y la ciencia, me hace proclive o ganado para apoyarme en algo de lo que desconozco. De modo que a eso del Haarp, no me acojo, pero tampoco abandono el dudar, “hasta que me demuestren lo contrario”. Pero si veo con asombro, ¿cuánta coincidencia? Y por esto mismo, uno se ve inmerso en un enorme océano de dudas. Eso sí, descarto que Dios esté metido en eso, pues de pensarlo, ofendería al creador y bondadoso ser imaginado por el hombre, dada la infinitud de la existencia, lo abundante inexplicable. Y esa coincidencia, crea un cuadro donde aparecemos más frágiles que antes; la confusión se hace mayor, las enemistades y odios entre nosotros mismos crecen. Y en nosotros, Bolívar está muerto, por los momentos, no parece oírse sus pasos, no camina en América Latina, ni siquiera en Venezuela. Reply, Reply All or Forward

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