DE LAS CONTRADICCIONES QUE, HASTA EN EL GOBIERNO, HAY. DIOSDADO, POR HECTOR RODRIGUEZ . "NO BOTAREMOS A NADIE DEL TRABAJO" (Eligio Damas)
Eligio Damas
From:
damas.eligio@gmail.com
To:
George Diaz
Sat, Jun 20 at 11:56 AM
De las contradicciones que, hasta en el gobierno, hay. Diosdado, por Héctor Rodríguez, “no botaremos a nadie del trabajo”.
Eligio Damas
Nota: Este artículo lo escribí al día siguiente de las declaraciones de Diosdado Cabello, saliéndolo al paso a, lo que, sin cuidado alguno, quizás también para medir la reacción, expresó Héctor Rodríguez, cuando habló de reformas del Estado y de la existencia de una nómina de empleados abultada. Un gesto por demás insinuante. Tanto que Cabello tuvo que advertir que las reformas anunciadas no implican botar a nadie del trabajo. Y por esto, casi de manera inmediata, Rodríguez aclaró lo que oscuro había dejado.
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Si en algo coinciden muchos autocalificados izquierdistas, al abordar lo que ahora ocurre en Venezuela, es en la práctica de buscar y hasta señalar culpables en lo inmediato, en la madrugada del 3 de enero en adelante. Unos hacen señalamientos personales y otros, entre los cuales hay de los primeros, se descargan en lo que creen la escasa disposición para el combate de las fuerzas armadas.
Perciben todos ellos, como que, en esa madrugada, se produjo un cambio trascendente del modelo existente y las políticas populares, de donde uno parece hallar que, algunos, hasta cambiaron forzadamente de opinión, como que, hasta ese momento, desde hace años, todo venía transcurriendo de maravillas y repentinamente se detuvo.
Entonces, parece haber tomado cuerpo la idea que todo venía bien o por lo menos no tan malo como ahora, pues lo que sucede es nuevo y tiene responsables inmediatos, nada difícil ni inconvenientes para acusarles. Para unos, la culpa de todo la tienen los traidores; estos surgieron a partir del 3 de enero; para otros, todo es atribuible al imperialismo.
El enredo es tan grande que, al intentar protestar, lo que comparto, por la injerencia de EEU en nuestros asuntos, en el caso particular de Las Claritas, la zona minera tomada desde hace años por la delincuencia, cosa que oí de gente que allí ha vivido siempre, pero también por lo que viene “acordándose”, se hace de una manera tan poco cautelosa que dejan como exaltado al “Niño” Guerrero. Más que protesta por la injerencia, sólo por una indisposición emocional, parecieran hacerlo por otra cosa.
Entonces, unos actores de antes, asumen nuevos roles. Dentro del gobierno, emergen figuras -no nombraré ninguna, pues falta no hace y sería como mal evaluar al lector- “percatándose de repente” que, todos los males se nos vinieron de golpe con la “asonada” tecnológica, el acto hipnótico y destructivo, mortal y hasta mágico del 3 de enero. Trump cambió nuestra vida a partir de ese momento. Un transcurrir feliz, donde todos estábamos como repantigados de placer, fue cambiado o nos lo cambiaron. Esos actores, entonces, que tenían instalada su lectura ideal, la vieron rota, optaron por salir a llorar, lamentarse el haber perdido todo lo que antes había y se tenía acceso.
La captura o secuestro, para mejor decirlo, de Maduro, que estaría demás decir lo condenamos y seguiremos condenando, pareció haber truncado nuestros planes de progreso, según la lectura de esos que ahora no sólo se quejan, sino hablan de traición y de traidores. Sólo que, se cuidan de señalar quiénes fueron esos; están ocultos, no han podido descubrir o a algunos mencionan por ser personajes de poco valor, como Alex Saab.
Hablan de un proceder contrario al paso vencedor que traíamos y cambio sustantivo en la búsqueda de la justicia social. Es decir, el 3 de enero, los trabajadores en su avance hacia la justicia y el equilibrio, fueron descarrilados. Porque a última hora, mientras las conversaciones o intercambios diplomáticos avanzaban, Trump encontró traidores que le abrieron espacio para su impronta, acto dantesco y hasta prestidigitador, como que detuvo el avance hacia el bienestar eterno de la multitud.
El pueblo todo, los trabajadores en su totalidad, por la tranquilidad y el bienestar, la despreocupación absoluta que les tenía embelesados, fueron sorprendidos, cómo agarrados en medio de la fiesta y borrachos de felicidad. No fue esta una traición, más si una muestra que “bueno es culantro, pero no tanto”. Era necesario tenerlos inconformes en algún nivel, para que estuviesen vigilantes defendiendo sus conquistas, porque faltaba más. La felicidad embriaga, embrutece e insensibiliza y la miseria también.
Estos personajes se quejan porque los traidores, viendo al pueblo feliz, confiado en su bello porvenir, dentro y hasta fuera de las fuerzas armadas, aprovecharon aquella fiesta, descuido y abrieron las puertas a los guerreros ocultos en el Caballo de Troya.
Entonces dado lo ocurrido, sólo hay que hablar de traidores, una manera de “mostrar su inconformidad” ante aquel gesto que cambió nuestro rumbo; pero eso sí, cuidando no chocar con nadie que pudiera, en el cambio de rumbo, llevarlos al foso de la ignominia y el olvido. Sólo se trata de un discurso dirigido al vacío y un escupir hacia arriba; sólo quien no se mueve, esa lluvia le cae; ella no fue dirigida a nadie. Hay como un ¡sálvese quien pueda!
Los antes descritos o por su conducta aludidos, coinciden con quienes, no estando en el gobierno y hasta en contra de él, hablan de haber perdido la soberanía a partir del 3 de enero, sólo que estos tienen su gama de traidores de más vieja data, pero una que tampoco llega muy lejos. Entonces para ellos, todo lo acontecido también se explica en los traidores; sólo que unos juzgan con una fecha reciente; los otros, van un poco más lejos, hasta donde conviene al discurso, según el cual, si habíamos estado en la ruta de un proceso revolucionario, pero un tiempo más atrás y unos traidores, antes que estos de ahora, truncaron el avance.
Pero el zafarrancho también perturba la paz dentro del gobierno. Ayer, Diosdado, asumió un asunto que eso revela. Entre ellos no hay la quietud que uno cree, lo que pudiera fortalecer a los buscadores de traidores de un tiempo para acá, como manera de explicar lo acontecido.
A Héctor Rodríguez, un funcionario que ha sido de todo, lo nombraron responsable de una comisión o cuerpo emergente, para asumir la reforma del Estado. Él, siempre muy perspicaz al momento de abordar asuntos como ese, informó con apresuramiento que, aquí había exceso de funcionarios públicos y organismos estatales, como centenares de viceministerios, algo sabido por todo el mundo y además dejó sentada la vieja idea aquella que había que “reducir el aparato estatal”, es decir cambiar radicalmente un ritmo, dirección y estructura viejos, desde la IV república y remarcado por Chávez. Tanto que, aquí hubo “Protectores de Estado”, un funcionario paralelo al gobernador con su corte respectiva. Fue esa la manera, por no haber generado un eficiente aparato productivo, de usar mano de obra, aprovechando la ventaja del ingreso petrolero.
Con sus declaraciones, Rodríguez, quien, en casos como esos, le han solido usar, tal que, cuando se le necesitó para acabar con los contratos de los docentes, marginar y someter a los sindicalistas del ramo, dejó sentada la idea que, vendrán despidos masivos de trabajadores del Estado. No lo dijo, pero lo dejó como entendido; “no habló de perros, pero enseñó el tramojo”. Pues hay que achicarlo, para que no se meta donde no debe y no gaste tanto, de modo que el ingreso pueda llegar a los socios insaciables, los mismos que siempre se quejan de ese Estado despilfarrador. Además, es el eterno sonsonete del FMI y lo que este exige a quienes con él se acuerdan, tal fue el caso de CAP, quien terminó trasquilado.
Pero “en esto llegó Diosdado”, quien pensando en el efecto que pudieran producir las declaraciones de Rodríguez, nada inocentes y por esto mismo impolíticas, optó por “aclarar”, no por oponerse a algo inexistente, que la idea de reformar el Estado, no implicaba botar a nadie de su trabajo y negarle su fuente de vida, sino reorganizar, como que, unos organismos, mover de un ministerio para otro, tal que uno relativo a la pesca, durante años ensartado está en sanidad.
No es que Diosdado le salió al paso a la supuesta amenaza de Rodríguez, algo esperado, pues es habitual exigencia de organismos como el FMI y posiblemente sería una resultante de las actuales conversaciones “diplomáticas”, por aquello que es mejor menos Estado para que no haya tropiezos, sino que quiso aclarar algo que sugirió una amenaza y que no está en los planes del gobierno. Rodríguez, por su demostrada costumbre, dijo algo que se quiere, pero no se debe decir; por lo menos por ahora, cuando las aguas pudieran estar revolviéndose.
Y si de algo sabe Cabello, pues lo vivió de cerca, es que detrás de la mansedumbre suele venir la tempestad. Vivió el Caracazo, un fenómeno emergido, habiendo un gobierno recién electo con una montaña de votos, el segundo de CAP y por ello confiado, creyó podía acceder las exigencias del FMI y también vivió y fue actor, del alzamiento del 4f.
Y todavía la amenaza de la privatización de áreas como la energía eléctrica y hasta el servicio del agua, no ha sido percibida. Más en un país donde por años, sobre esos recursos se ha impuesto, hasta por razones de principios, lo estatal y en donde un presidente, ese fue Leoni, ofreció que ellos, algún día, hasta llegarían gratuitos a la gente.
No es asunto de traidores de última hora; el desgaste viene del pasado, por cosas que todavía subsisten y parecieran prolongarse. Por lo que lo pertinente no es buscar o inventar traidores, creer falsas expectativas para explicar lo acontecido, sin romper con nadie o intentar exculparse, sino de profundizar sin prejuicios y buscar “¿qué fue lo que mal se hizo?; ¿cuál es el verdadero instante cuando comenzó a crujir la nave? ¿Por qué comenzó a levantarse la marea y hasta la indiferencia popular y el descontento? ¿Por qué no reivindicarse? ¿Cómo hacer para unir las fuerzas que la presión externa ejerce? Hay espacio, pese todo.
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