ROTUNDO FRACASO DE LA IZQUIERDA EN EL PODER?PARTICIPATIVO, VANGUARDISTA O HEGEMONICO? LAS OLEADAS DE TRUMP. (Eligio Damas)

Fri, Apr 17 at 3:08 PM Rotundo fracaso de la izquierda en el poder ¿Participativo, vanguardista o hegemónico? Las oleadas de Trump. Eligio Damas Cada vez que reflexiono sobre este tema, me pregunto, pensando en mí mismo, ¿para qué me sirve el poder si no puedo lograr mis sueños y termino siendo uno más de los que antes combatí? No está referida esta reflexión a espacio alguno, sino a una manera de diagnosticar al mundo, al espacio específico, en base a una fórmula, como esas pócimas sanadoras para todos los males. Una manera de mirar al mundo, no tal como es, estrecha, como uno lo imagina y desea. Imaginarme ser juzgado como juzgo me aterroriza. Juzgar muy mal, dicho así para no decir nada terrible, como sentenciar algo que, al principio vi, como una esperanza, luego derrotado y causando daño por no reconocer mi derrota; ese, “el llegado, aparecido o enviado”, por esas fuerzas secretas que imaginé existían, me aterroriza y hasta apena. Y, al decir lo anterior, no solo pienso en personas, individualidades, sino en proyectos, imaginaciones hasta reproducidas en muchos, bastantes y diferentes espacios y tiempos. ¿Cómo seguir dándole pertinencia a un plan, proyecto y a la vanguardia que lo promueve y hasta sostiene, si pese su idealismo bondadoso, terminan acorralados y acorralando a una sociedad merecedora de felicidad? ¿Estuvieron esos proyectos fundamentados en la realidad o simplemente como Quijote, confundieron gigantes con molinos de viento? ¿Es valedero, pertinente y salida “exitosa", justificarse en el enemigo? ¿Es valedero, moralmente aceptable, mantenerse en el poder, viendo a la población hundirse paulatina y constantemente en la miseria, material y moralmente hablando, bajo la excusa que lucho por algo noble y que, algún día, se abrirán la compuertas y, si no se abren, el resistir es valedero porque a quienes eso lideran, “no experimentan, sufren dificultades y menos merodean la pobreza, “por heroicos”, les esperan el cielo y hasta abundantes plazas donde colocar sus estatuas. “Salí derrotado porque él tiene fuerzas, ideas superiores a las mías”, es una explicación razonable, sensata y verdadera, cuando los resultados sólo afectan al combatiente pero, ¿no estaba en la obligación de medir eso, pensarlo antes de entrar en el combate frontal? ¿No era conveniente asumir una estrategia diferente, una distinta al combate que asumió? ¿Evaluó adecuadamente? ¿Y qué tan grave es ese proceder cuando afecta a multitudes? ¿Es de él, mi enemigo, la culpa de mi derrota? Si reflexiono y respondo con equidad, podría evitarme y evitar a muchos incurrir en futuros errores. Pero asumir la derrota, por haber caído en una ingenuidad, mal cálculo o medida inadecuada de las circunstancias, como un acto heroico, por fanatismo, simplismo y hasta oportunismo, conlleva a que otros después, incurran en lo mismo. ¿De qué sirve decir como con orgullo, ¡pero lo enfrenté!, si terminé derrotado y humillado?. Algo distinto hay por hacer, como entender que hay muchas cosas realizables y abundantes aliados para alcanzarlas; que el bienestar no se logra generando pobreza y destrucción para de allí arrancar. Vale recordar a Neruda en el “Canto a Bolívar”: Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti. Junto a mi mano hay otra y hay otra junto a ella, y otra más, hasta el fondo del continente oscuro. Y he tenido que sentenciar a unos cuantos. Pero eso fue culpa de ellos, diagnosticaron muy mal, pese la buena fue; se sustentaron en otros que antes habían fracasado y luego, en lugar de corregir, se empeñaron en intentar hacer lo mismo y hasta al pie de la letra. Fue como buscar en la historia a los derrotados y a ellos, por eso, el haber sido derrotados, viéndolos rondar en solitario, asumirlos como ejes y guías. Por supuesto, en el derrotado, algo bueno siempre hay; y eso es lo que hay que tomar, después de escamarlo y extraerle las vísceras que, con las escamas, se devuelven al mar. El orgullo, dicho así de la mejor buena intención, se impuso a la razón. Se impuso una infantil adoración por ídolos e ideas sin sustento. Para no decir el simplismo que, lo “sabroso le gusta a todo el mundo”; eso es un pecado que la buena fe del principio y principios, no exculpa. ¿De qué me sirve “echármelas de macho”, si al primer intercambio ruedo por el suelo? Al Quijote, pese lo acontecido y las observaciones de Sancho, se le toma como ídolo y guía para “desenredar los entuertos”. Y esa no fue la idea de Cervantes. ¿Recuerdo, nunca voy a olvidarlo, porque eso es fundamental, haber escuchado a Fidel Castro, en una entrevista periodística en Caracas, decir, “si alguien sabe acerca de lo que no debe hacerse, eso somos nosotros?” ¿Se tuvo el cuidado de preguntarle acerca de eso, “lo que no debe hacerse”? Pareciera que no; más bien como que se optó, en cierta medida, por copiar lo que ellos hicieron, sin evaluarlo. Y hasta a veces creo, él contribuyó, por alguna razón, para que nosotros siguiéramos errando. Llegar al poder, implica un alto compromiso; como la obligación de responder, de manera pertinente, a las demandas populares, en las cuales me fundamenté y, en función de ellas, proceder como corresponde. Se trata de ponernos al servicio del movimiento popular y no al revés. Por eso, no basta llegar al poder, hay que buscar la mejor de las formas y los mejores compañeros y en base a planes y ofertas realizables. Y, en caso de no poder cumplir con lo pensado, es preferible abrir espacio, caminos, a otros que hagan lo mejor posible. Es erróneo, escudados en bellas pero falsas o insostenibles lecturas, mantenerse en el poder, bajo la idea que, sólo eso que satisface sólo a uno, igualmente alcanza a la multitud. De llegar a esta creencia, es valedero pensar que hemos mutado. Mi tranquilidad y bienestar, no necesariamente acompaña a quienes en mi creyeron. ¿Esperar? ¿Hasta cuándo? ¿Quiénes son los mejores compañeros? ¿Acaso lo son quienes se limitan a seguirme, repetir al caletre lo que les digo, inflar mi ego, decirme “mande Ud. compañero” o aquellos que me enfrentan, debaten conmigo y hasta me demuestran mis equivocaciones o por lo menos me obligan a mejorar mis percepciones? Quizás, me haya vuelto eso que llamábamos “reaccionario”, pero no valoro bien, ni siquiera apruebo, a quienes murieron, estando en el poder por años, sin privaciones personales, en una sociedad sometida, acorralada y por ello su pueblo soportando calamidades, bajo la vaga e ilusa idea que llegaría el día que las compuertas se abrieran por su cuenta o de fuera viniese un rescatista a abrirlas. ¿Acaso, no es preferible mantenerse afuera, luchando y hasta en el anonimato, ponerse a un lado, dado no pude hacer lo pertinente, en lugar de hacer lo que tanto rechazo y he rechazado? ¿No es un intento sin sostén, una metamorfosis, para terminar, siendo lo que antes mal evalué y puse en mi lista juvenil de lo que no debía hacerse y yo no debía apoyar? ¿No es sobreponer el ego, el prestigio y hasta el bienestar personal por encima de lo formulado al inicio como un proyecto de justicia? Vale la pena preguntarse en este momento: ¿Es valedero, más en un país pequeño, rodeado, apresado por fuerzas enormes, plantearse como objetivo llegar al poder para cambiar radicalmente el modelo existente, sin haber sustento para ello, explicación dialéctica y debiendo saber que aquellas van a impedirlo a toda costa? ¿El capitalismo está en decadencia? ¿O el ascenso de otras potencias capitalistas que compiten reducen las ventajas de las antes dominantes? ¿Qué es América Latina? ¿Qué significan nuestros pueblos para las crecientes potencias capitalistas? ¿Cuál es la expectativa dominante en nuestro mundo, el de las antes colonias españolas, portuguesas y británicas? ¿Cómo es posible que, los trabajadores, mi gente, esa de la cual formo parte, pase calamidades, estando yo en el poder y me sienta satisfecho y hasta heroico, por asumir de guapetón y desafiante, como jefe pandillero, sin norte ni metas definidas, más teniendo en mi espacio recursos para desempeñar un rol descollante? ¿La realidad, desde hace unos años, no es inherente a un mundo donde viejas potencias sienten el peso de la competencia de otras nuevas del mismo modelo? ¿No se trata de un efecto competitivo? ¿Las cifras de miseria que el modelo genera en el mundo, son nuevas? ¿Hay siquiera, en alguna parte, un indicio que nos permita soñar con cambiar ahora el modelo en mi espacio y qué, además, existan fuerzas externas dispuestas a apoyarnos en eso? ¿El país que se me acerca por las ventajas que le ofrezco o él, disimuladamente, me exige para invertir sus capitales, aprovechar nuestra mano de obra barata y hasta materia prima y se lleva las ganancias para otro espacio, me intenta ayudar a cambiar el modelo o a fortalecerlo? ¿Por qué, teniendo supuestos amigos, dispuestos a ayudarme para salir del atoro y acoso, debo ofrecerle “zonas económicas especiales"? ¿No es esto lo mismo que Trump ahora nos impone en el área petrolera? ¿Acaso no es su conducta, la de mi presunto aliado, en buena medida, la misma de las fuerzas que definí como enemigas y por eso me agreden? ¿No es la propia del capital, un ente sin patria, vísceras y pragmático? ¿Debo alinearme y priorizar mis relaciones en función de un diagnóstico ideologizado del mundo? Imaginarme, atrapado en una isla que no es Jauja, sino todo lo contrario, una donde pareciera haber caído la caja de Pandora, lanzada, abierta y destrozada por fuerzas diabólicas, sin tener como combatir los males que de ella emergen y consolarme con la idea que busco un sueño, uno que la multitud no comparte, no busca, lujo que no puede darse, dado los rigores de su vida, que a mí no afectan, me deprime y vuelve casi furiosamente contra el poco espacio de conciencia ciudadana que me queda. Terminaría como por aborrecerme a mí mismo. Es complicado, deprimente, ver a alguien que se pasó la vida condenando a quienes sostenían, defendían y servían a un modelo, terminar en lo mismo, pero inmerso en una narrativa inventada, como consuelo suyo, que lucha por cambiar la sociedad. A él, las trabas que pone el vecino, desde el momento mismo que llega al poder, mediante su discurso que ofrece el cielo, la “Isla de Jauja”, el rascarse sin tener rasquiña, sólo por placer y otros diferentes motivos, no le empujan a conciliarse con aquél, medir con exactitud lo que puede hacer sin generar molestias audaces e innecesarias, sino a sobre evaluarse y convencerse, está en lo cierto; su idea de justicia es ideal y su comportamiento justo; no le importa lo que el otro piense de la justicia y menos de los males que le puede ocasionar; más siendo el vecino quien está en la parte más alta, del lado de donde viene el agua, que llega al espacio donde él gobierna. En ese caso grita, “si nos llega agua, la fabricaremos o haremos que el vecino nos obedezca. Traeremos hidrógeno y oxígeno en doble cantidad por barriles, pues los amigos de allá lejos con seguridad nos mandarán en un santiamén y sin ningún costo ni condición”. Por supuesto a su espacio llegarán en filas las cisternas repletas. Un poco como aquella frase poética del Bolívar muchacho de 1812, “si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella”, en respuestas a los sacerdotes, idealistas como lo era él, que atribuyeron el terremoto caraqueño, a un castigo de Dios por la declaración de independencia. Que tampoco llegó a tanto, pues mantuvieron su adherencia a Fernando VII, apresado por los franceses napoleónicos. Y el Bolívar romántico, idealista, todavía en El Manifiesto de Cartagena, de diciembre de 1812, atribuye, entre otras causas, a ese terremoto, la caída de la Primera República. No se percató del terremoto ocasionado por la primera constitución que les dio a los mantuanos, más poder y derecho a explotación de la población que el colonialismo español. ¡Era un muchacho! Llego al poder, por unas circunstancias fortuitas, un hecho azaroso, en medio de una confusión e incertidumbre o un proceder inteligente. Pero una vez instalado en él, por mi propia iniciativa o determinado por quienes me rodean, nos proponemos cambiar todo lo existente, hasta en nuestras relaciones externas, sin preguntarle al vecino que está del lado arriba de donde viene el agua que tomamos y con la que regamos las matas. El vecino, un agalludo y abusivo, nada pendejo, viéndome en esa actitud desafiante, necesitado también de lo que tengo, aparte de cambiar el rumbo del agua, conteniéndola con enormes barreras, construidas en su espacio, me cerca ayudado por los vecinos de más abajo, a quienes, curveando, les deja llegar el agua. Reflexiono y me apego a un plan, que unos que están allá, muy lejos, me manden agua y yo les mando lo mío, que ellos necesitan. Pero la cosa no funciona como imaginé; esa agua llega en pocas cantidades, a muy alto costo y de lo que yo puedo mandarles o venderles, ellos necesitan poco, porque tienen muy cerca otros que lo mismo le suministran y hasta más barato, entre otros factores, por los bajos costos de transporte. Pero en mi idealismo, siendo lo malo que sé es mi vecino, de lo agalludo, pretensiones de controlarlo todo y no dejarme que haga en mi espacio lo que yo sueñe, de paso apoyado por los vecinos de más arriba y más abajo, donde el agua llega con ligereza a través de tuberías serpenteantes, sigo en mi empeño de hacer lo que he soñado. Además, “lo que he soñado”, no es lo mismo que sueñan los demás, ni siquiera a quienes creo favorecería con mis planes. En los sueños de estos, no están los míos. Y menos en su propia realidad, esa derivada del suelo que pisan, lo que son y están dispuestos a hacer y ser. Lo existente está normado en leyes, orden, organización y costumbres ancestrales y estas apoyadas en la fuerza de las armas, los puños, voluntad, en fin, de la estructura y la cultura; toda una gruesa costra que no puedo cambiar, como quien fumiga para matar las moscas. Por empeñarme en creer que sí puedo imponer mi voluntad y hasta buena fe, termino rodeado, de un lado, de otros como yo, habiendo creado como un bunker, un cuadro defensivo, existencial y del otro, por quienes quieren desplazarnos y hasta acabar conmigo y quienes me rodean, por haberles desafiado, hasta restado sus ventajas e intentar cambiar lo que ellos disfrutaban. Distanciado de quienes quería beneficiar, pues no lo logré, porque la fórmula y los planes usados no servían, a ningún lado llevaban y tampoco podían devolver el agua, tuve que optar por hacer lo elemental, mantenerme en el poder a espera que las cosas cambiasen a mi favor; pues siempre he creído que hay esa posibilidad. Opté por esperar que pasasen años, mientras tanto, no cambio mi diagnóstico y motivo de espera, pero si hago lo que no debería. Y mientras espero, la inconformidad generada por limitaciones, serias y punzantes necesidades, crece en la multitud. Confundo mi bienestar derivado de mi estadía en el poder, con todo lo que eso significa, con el logro de los sueños que antes tuve e insuflé en la multitud. De lo tanto esperar que esa ayuda u oportunidad de avanzar llegue, me acostumbré al estado de cosas existente y lo asumí como normal y digno de ser defendido y hasta convertido en una meta. Estar como estoy, en el poder, rodeado de otros que fueron llegando con los años, que poco se parecen a aquellos con quienes empecé o mejor, en nada, es una muestra que alcancé mis metas. Pude consolidarme como líder y vanguardia, hasta que el vecino de arriba, quite las barreras, sólo por un momento, para inundar, anegar mis espacios con el agua que viene por la simple gravedad, destruir lo poco que tengo, mis sueños, unos conucos mal regados y peor atendidos por unos peones inconformes con su vida. Estar en el poder hasta hoy y hasta que me muera se convierte en mi ideal. Y, eso me satisface, me importan aquellos que se preguntan: ¿Para qué quiero el poder? ¡Ejérzanlo y verán cuánta satisfacción produce haber estado en él, desafiando al “enemigo”!

Comentarios

Entradas más populares de este blog

?COMO ENTENDER EL FENOMENO BOVES SI NO ESTUDIAMOS CRITICAMENTE EL 5 DE JULIO Y LA CONSTITUCION DE 1811?(Eligio Damas)

EL CENTRALISMO, COOPTACION SON CONTRARIOS AL ESPIRITU DE CAMBIO DE MODELO EN FAVOR DE LAS MULTITUDES(Eligio Damas)

MIRANDO AL MUNDO EN UN BAMBOLEO EXTRANO. TRUMP NO ESTA BORRACHO NI LOCO, PONE A EEUU A LA DEFENSIVA(Eligio Damas)