?VA EN CONTRA DE DELCY, LA LUCHA POR LOS SALARIOS? (Eligio Damas)
¿Va en contra de Delcy, la lucha por los salarios?
Eligio Damas
Nota: El archivo es un tesoro, es historia, no es “Caja de Pandora”. Sirve para revisar el pasado y hallar en él procederes que, al estudiarlos, nos advierten acerca de lo que debemos o no hacer. Aciertos y equivocaciones del pasado sirven de guía o norte para actuar ante la realidad, lo que acontece ahora.
Lo acontecido el 3 de enero y lo que ello desató, trajo, no por encanto, ni indisposición contra el gobierno, muchos reclamos, contenidos por diversas circunstancias. Uno de los que más fuerza toma, por razones elementales, tanto que no es necesario hablar sobre ello, es el relativo a los salarios.
El salario es lo que más ha debilitado al gobierno; tanto que, dentro de él, un tiempo atrás, se mantuvo una intensa discrepancia. Basta recordar a Pascualina Curcio y sus allegados, intentando demostrar algo innecesario, pues la tranca nunca estuvo en lo monetario, sino en la LOT y la necesidad que el gobierno tenía del apoyo, aunque fuese indirecto y tímido de Fedecámaras. Bastó y fue útil que el ente empresarial, se distanciase de la política del terrorismo, guarimbas y acuerdos inconfesables con EEUU y terroristas como Goudreau, hoy buscado por el gobierno de ese país, por eso, por terrorista, para que el gobierno de Maduro lograse una significativa estabilidad. Pues si algo o alguien, sirvió para mantener a raya a la oposición y cambiar la óptica de los gobiernos de EEUU, sobre todo los de Trump, acerca de las enormes posibilidades de llegar acuerdos con Maduro, expresado en las gestiones de Richard Grenell, eso fue Fedecámaras. Ella o él, el ente empresarial, rompió el esquema simplista del comunismo y sirvió para recomponer lazos, pese se mantuvieran ocultos.
El gobierno, desde los tiempos de Chávez, ha aplicado una política salarial o mejor, una estrategia para manejar las luchas de los trabajadores, no sólo absolutamente equivocada, también en contra de lo que decían ser sus principios más elementales. Y el primero, fue haberse apropiado de un derecho que no le correspondía y, como por inercia, ponerse a jugar el rol que era inherente a otros.
Equivocación en la cual también cayeron las agrupaciones de trabajadores, empezando por las supuestamente partidarias del gobierno y cambio. El asunto salarial dejó de ser un motivo de lucha para los trabajadores y se le dejó a la voluntad del gobierno, el cual la manejó, entrando en dificultades, como le dictó el simple sentido de supervivencia y la naturaleza del Estado. Y las federaciones de trabajadores, sin necesidad de represión, se hundieron en el silencio y la soledad. Como una máquina que fue apagada y, por estarlo tanto tiempo, dejó de ser útil y digna de ser recordada.
Esa lucha por el salario que toma cuerpo, en medio de la realidad de ahora, cuando el gobierno está llegando a acuerdos con EEUU, expresados en modificaciones a Ley de Hidrocarburos, lejos de hacer daño al primero, le favorece, si se dispone a manejarla tal como le corresponde, pues podría recuperar el respaldo perdido entre los trabajadores y usar este para sus confrontaciones con los inversores y la política del gobierno de aquel país.
Tal reclamo en nada afecta al gobierno, más si éste está convencido que, en las nuevas negociaciones con los inversores petroleros, encontrará cómo satisfacer esas demandas con mayor facilidad. Y, no es nada difícil percatarse que los reclamos no aluden a la naturaleza del nuevo gobierno, no le ponen en duda; es decir, no aparecen identificadas con la política opositora radical. Lo que no niega que esta, viéndose no favorecida, por lo menos en lo inmediato, por las decisiones de Trump, empieza por percatarse del tema salarial e intenta usarlo a su favor. En este caso, lo mejor es quitarle esa bandera. Y se debe empezar por desprenderse de la idea que todo reclamo salarial va en contra suya. Se trata de un reclamo inherente a la clase trabajadora y a los partidarios de la justicia y el cambio.
He hallado en mi archivo, un artículo de mi autoría, escrito y publicado en el año 1979, en el recordado diario El Tiempo, el fundado por Jesús Alvarado* en la ciudad de Puerto La Cruz, donde hago referencia al hecho que, el gobierno de entonces, bajo la presidencia de Luis Herrera Campins, asumió la lucha por el salario y el contrato de trabajadores, como una contra el gobierno. Una lucha que terminó, dejando al gobierno marginado y acorralado, pues hasta la militancia copeyana docente, se puso al lado del reclamo contractual por simple razón de clase e interés.
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¿Conspiran los educadores?
Eligio Damas
El tiempo
Pto. La Cruz, 30-10-79
El conflicto del magisterio ha entrado en lo que podríamos definir como una nueva etapa.
La etapa que culminó con el exitoso paro de 48 horas, cumplido entre los días miércoles 24 y jueves 25 y la marcha de esta última fecha por la contratación colectiva y defensa del proyecto de Ley de Sueldos y Salarios, se caracterizó por la unidad clasista del gremio.
La ofensiva oficial, orquestada con la intentona divisionista de un sector de la alta dirección copeyana, no pudo quebrar la unidad gremial en esta primera fase.
El gobierno fundamentó su ofensiva contra la acción conflictiva del magisterio en la denuncia de las peticiones económicas como muy elevadas, en la presentación de la Ley de Sueldos y Salarios como una alternativa más adecuada que la contratación, en el señalamiento de las acciones sindicales como lesivas al sistema educativo y, por último, en vincular el movimiento a un presunto intento contra la estabilidad gubernamental.
El oficialismo no pudo abrir brechas en la unidad gremial con sus primeras argumentaciones, antes, por el contrario, produjo fisuras en el seno del partido de gobierno. Fue imposible para el gobierno alcanzar sus objetivos frente a la evidente justeza de los planteamientos contractuales que sólo atienden al interés de la clase de los trabajadores al servicio de la educación; lesionados por la política económica de quienes en el pasado y en el presente han dominado el aparato del estado. Por eso, con justa razón, sectores importantes de Copei desconocieron la línea trazada por Felipe Montilla, que la consideraron en abierta contradicción con los intereses de las bases del magisterio.
Por otra parte, los educadores saben que nada puede deteriorar más al sistema educativo, pues es imposible asesinar a un cadáver. Por el contrario, la firma del proyecto de Contrato Colectivo, que contiene cláusulas relativas a la educación y al educando, puede implicar soluciones a problemas vitales de la educación.
Por estas circunstancias, el gobierno, el Ministerio de Educación y Felipe Montilla, optaron por introducir en el debate un argumento político para amedrentar al país, a los educadores y particularmente a quienes militan en Copei y de paso romper la unidad de clase del magisterio.
Las clases dominantes, representadas en esta confrontación por el oficialismo y un sector gerencial de la alta dirección de Copei, pretenden crear la discordia entre los explotados y expoliados por la inflación, con la conseja que el conflicto de los educadores y trabajadores de la educación en general está siendo utilizado para conspirar contra el gobierno.
En esto, como en muchas otras cosas, este gobierno se parece a los anteriores, quienes revelando el interés de las clases dominantes que representan, no han vacilado en declarar ilegal toda acción reivindicativa de los trabajadores y en presentarla como destinada a socavar las bases del régimen político. Recuérdese que el gobierno anterior declaró ilegales casi la totalidad de los conflictos planteados por los trabajadores y apeló a la fuerza pública con frecuencia contra estos, con el cuento que amenazaban la estabilidad institucional.
Ese comportamiento está destinado a amedrentar, dividir y en última instancia a justificar la represión.
La próxima etapa del conflicto se caracterizará por la profundización de las luchas y nuevos intentos divisionistas los cuales debemos dar respuestas inteligentes y clasistas.
*Ante la falla de mi memoria hube de buscar en la PC, el nombre del fundador, como dueño y director del Diario El Tiempo, que lo era aún cuando salió el artículo que he citado y expuesto al lector. Google me dice que fue Jesús Márquez, un periodista que apareció por estos lares años después y, en efecto, fue primero director de El Diario de Oriente y luego de El Tiempo, un diario, como dije arriba, fundado muchos años antes por Jesús Alvarado.
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