TRUMP Y DELCY, EN NEW YORK, REACTIVARON EL DOBLE TERREMOTO, EN LOS MAS ACERRIMOS OPOSITORES{Eligio Damas)
Trump y Delcy, en New York, reactivaron el doble terremoto, en los más acérrimos opositores
Eligio Damas
Desde finales de su primer gobierno, continuando luego en esta su segunda etapa, Trump, quizás convencido por sus asesores, como Richard Grenell, llegó a la conclusión que, lo mejor por hacer, con respecto a Venezuela, era la búsqueda de acuerdos por vía diplomática. Si bien, Carl Von Clausewitz, afirmó que «la guerra es la continuación de la política (o de la diplomacia) por otros medios», pudiera decirse y a hacerse al revés, cerrar la guerra, la discordia en un acuerdo diplomático. En este caso, la guerra convencional, supuestamente no declarada por el gobierno de EEUU a Venezuela, pero muy dura, con un acto, breve pero muy dramático el 3 de enero, como sin suspender las sanciones económicas desde los tiempos de Chávez, parece haberse sellado ahora en Nueva York entre Trump y Delcy.
No fue un secreto que, en los primeros intentos en esa búsqueda, entre delegados del gobierno y la oposición que lidera MCM, prevaleció el desacuerdo y hasta el incumplimiento de los pocos acuerdos. La persistente desconfianza y hasta la falta de capacidad de unos de los factores de cumplir con lo acordado. Las firmas parecían estamparse en papeles que borraban todo lo escrito y hasta aquellas mismas.
Las elecciones del 24J, antecedidas de todo un enredo, lo que terminó en la candidatura de Edmundo González, un personaje anodino, dejaron como resultado un panorama más oscuro o una madeja más enredada, pusieron de nuevo en primer plano a Grenell, sus ideas acerca de la vía diplomática. Aunque, pese lo poco que uno sabe, más estando tan lejos de donde todo ocurre y sin contacto alguno, supimos que mientras las conversaciones entre el gobierno y los opositores se cerraron, se abrieron y hasta expandieron entre agentes directos de Trump y Maduro. Se había impuesto la prédica de Grenell y, al fin, el gobierno de Venezuela, se había convencido que le resultaban indispensables “las mejores relaciones posibles”, con EEUU, pero sin intermediarios que nada tenían que ofrecer y menos eran garantía de nada; Trump pensó y decidió lo mismo. Para decirlo de manera elemental, Maduro y los suyos, se habían percatado de aquello elemental que solía repetir Walter Martínez, “un petrolero salido de Venezuela hacia EEUU invierte 3 o 4 días, mientras que para llegar a China se requieren 45”. Por supuesto, esa simple frase incluye o da por aludido, muchas otras cosas, como la magnitud de la demanda, los efectos o coincidencias entre nuestro recurso petrolero y la tecnología estadounidense en el área, derivados de largos años de negociaciones. Y en Estados Unidos, por las mismas razones dadas anteriormente, la disminución agravada de sus reservas y lo complicado del escenario mundial, como el persistente conflicto que implica el acceso por el estrecho de Ormuz, también tomó urgencia la necesidad de hallar de manera urgente la forma de normalizar las relaciones con Venezuela.
Los intentos estadounidenses de deshacerse del gobierno venezolano, todavía un poco imbuido de los discursos e ideas de Chávez, mediante la oposición, en principio por medio de la violencia y luego mediante la participación en actos electorales, pese el recurso cruel de las sanciones, no sólo no daban los resultados esperados. El triunfo electoral del 2014, que les dio un amplio respaldo en la AN, terminó desbaratado con el llamado presidencial a proceso constituyente, una jugada audaz, que podía terminar en los mismos resultados, en favor de la oposición; pero en esta se impuso lo insensato, desconoció ese llamado, con sustento constitucional y optó por abstenerse. Lo más parecido a un suicidio, introduciéndose un larga daga por la garganta.
Dado aquel proceso constituyente, con el peso y valor que eso tiene constitucionalmente, una AN disuelta por un poder mayor, el bando opositor optó por la inventada e ilegal figura de la “presidencia interina”, que terminó en una gestión cargada de irregularidades, tan parecidas a las acusaciones que hacían al gobierno y pusieron en peligro de pérdida, lo que aún persiste, a la muy importante y estratégica Citgo a fuerza de corrupción.
Todo aquello desembocó en el hito, estruendo y hasta enredo del 3 de enero; hecho que en sí, en su primer momento, produjo un silencio y dolor como el de la muerte de un ser querido dentro del ámbito de quienes forman el gobierno y lo habían apoyado. Se vivió dentro de ese mundo que solemos llamar el oficialismo, durante un nada breve tiempo, como de callada consternación, un no saber que hacer ni decir. Pero en la Asamblea Nacional, que no la forman pocos, pues son 285 representantes o diputados, todos votaron en un santiamén, por la Reforma a Ley de Hidrocarburos y han aceptado, sin chistar, lo dispuesto por EEUU en lo que respecta al manejo de los recursos que a nuestro favor deben derivarse de las ventas de petróleo y los términos de los acuerdos posteriores, en ese mismo sentido, entre Miraflores y la Casa Blanca. Los diputados no protestaron, pues hasta Iris Valera que algo dijo, no se sabe a ciencia cierta qué, no tardó mucho en callar.
Fue después del acuerdo petrolero, no antes, pese al secuestro de Maduro, cuando se escucharon voces de protesta como la de Arias Cárdenas. Esta no es la primera vez que protesta, para terminar luego arrepentido y hasta bien recibido. Ya una vez, hasta fue candidato presidencial enfrentado a Chávez, en representación de la oposición más aguerrida. Pero también aparece Elías Jaua, un personaje que lleva tiempo al margen de la cúpula, cuando terminó aplastado en aquella controversia entre “Somos Venezuela” de Delcy y el Frente Francisco de Miranda, liderado por él y Erika Farías, contra Diosdado Cabello. Maduro y Cabello, por subsistencia, terminaron acordándose, incluyendo en ello a Delcy, pero marginando a Jaua. Otro personaje que intenta hacer bulla hace, antes, cuando la derrota del 2014, también lo intentó, no le oyeron y menos repicaron y volvió al redil. Y eso deja huella,
Pero ahora, se produjeron, uno tras otro, los discursos de Trump y Delcy en la Asamblea de la ONU en Nueva York y el encuentro personal entre ambos.
Trump, en su intervención dijo que “se está ejecutando con los líderes del país para crear un futuro mejor para el pueblo de Venezuela”. Agregó que “El mes pasado firmamos el mayor acuerdo petrolero de la historia, 65 mil millones de barriles de petróleo, eso va a beneficiar a Venezuela y a Estados Unidos”.
Pero dijo algo muy particular, que pudo haber omitido, para evitarle complicaciones a su nueva aliada, a quien necesita bien respaldada. Hizo referencia a su ilegal intervención en Venezuela y reiteró sus acusaciones de “criminal, delincuente”, contra Nicolás Maduro, a quien se le sigue un juicio en Nueva York. Pudo haber sido un reto a Delcy o una prueba de su poder, sabiendo de antemano la obra a montarse.
Por su parte, dos días después, en el mismo escenario habló Delcy, quien no hizo alusión a lo acontecido en Caracas el 3 de enero, que culminó con el secuestro de Maduro y más bien hablo del “Pacto energético” con el gobierno de Trump, calificándolo, de “uno de los "más grandes jamás suscritos", y aseguró “que contribuirá de forma directa a la seguridad y al equilibrio energético tanto del hemisferio como de la economía internacional”. Además, agradeció expresamente al mandatario estadounidense por su disposición para superar la confrontación y transitar hacia un camino de diálogo. ¿Eso lo esperaba Trump? El poder, la fuerza hace a muchos adivinos.
Para cerrar, el mismo día del discurso de Delcy, ambos presidentes, se reunieron en privado, exhibiéndose previamente ante los medios de comunicación intercambiando de manera por demás amistosa y cordial. Es decir, Delcy no se dio por enterada de las acusaciones de Trump contra Maduro.
Esta última escena, montada en Nueva York, reactivó un doble movimiento sísmico en Caracas. Pero, al parecer, en el caso del PSUV, donde se habla de una estrategia por la supervivencia, “un paso atrás”, con el sueño de dar dos más adelante, lo que por ahora es sólo una oferta, eso tiene mayor valor y significado. Dentro de ese partido o mejor factor, no se percibe una inconformidad amenazante, no hay signos que el leve temblor escale a terremoto y menos a una secuencia de dos de alta intensidad como los hubo en junio en La Guaira. No ha habido más que leves temblores y con prontitud todo ha vuelto a la calma y el soñar. Hay que tomar en cuenta que, ese partido, ha cambiado demasiado. Son pocos lo indomables de antes. Pues el poder es un poderoso cepillo que alisa y tranquiliza las aristas y el Estado un domador rústico y refinado al mismo tiempo, con mucho poder y fuerza de convicción,
Pero en la dirigencia opositora que soñó con planes de Trump que incluían, en primer término, ponerle en el poder, meterla de lleno en Miraflores, sin importar el cómo, según ella. si está en desarrollo un terremoto. Es extraño, pero muchos de ellos, de los de arriba, creyeron que Trump y sus socios eran unos héroes, libertadores de oficio, desprendidos, armados de principios nobles, a cambio de nada y hasta mucho de Quijote tenían. Como que estaban dispuestos a meterse en un embrollo de gratis y hasta pagando los gastos por ellos. Hacerse solidarios con una gente que nada tenía que garantizar, más allá del gobierno mismo y menos brindarle un escenario de legalidad para entusiasmar a los capitales que entrasen.
El entusiasmo que en ellos despertó el cerco de los barcos, dio inicio a los preparativos de la fiesta; el gesto brutal del 3 de enero y los días posteriores generaron sueños, más sueños y comenzaron a preparar la fiesta; pero los días comenzaron a oscurecerse oyendo aquello de un plan de tres fases que parece alargar el final. El encuentro de Delcy con Trump en Nueva York y lo efusivo del mismo, pese el discurso del primero y la aparente tranquilidad de la gente del partido y el gobierno, coincide con las altas mediciones del sismógrafo entre quienes esperaban que Trump los metiese ahora mismo en Miraflores.
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