"POR AHORA" TRUMP DECIDIRA EL MOMENTO ELECTORAL. COJAN LINEAS (Eligio Damas)

Oct 30, 2026, 2:17 PM “Por ahora”, Trump decidirá el momento electoral. Cojan línea. Eligio Damas Escribo “Por ahora”, porque los resultados electorales en EEUU, como el más reciente, el de Virginia, están dejando a Trump muy mal parado. Y no es insensato que, de perder el poder en el Congreso, se vea obligado a cambiar o detener muchos planes. Pero tampoco lo es, pensar que, el proceso en marcha en Venezuela, sea del agrado de los demócratas. No es una historia inventada, un cuento de la rica narrativa mundial, es la realidad de lo que en Venezuela acontece. Tres “chicas”, resultado nada imprevisto, lideran la lucha por el poder. En la historia nuestra, los grandes héroes, como los guerreros indígenas que enfrentaron a los conquistadores, los combatientes por la independencia como Bolívar, Sucre, Páez, Piar, Mariño, Bermúdez, etc. fueron hombres. Las mujeres, pues hubo unas cuantas heroínas, jugaron en apariencia, un rol secundario. Aunque, por el hecho que los hombres hasta ahora, en gran medida, “han hecho y cuentan la historia”, ocultan en su intimidad lo heroico de la mujer, que comienza con aquello de llevar hasta 9 meses un feto en la barriga y luego lo explosivo, doloroso del parto. Y la crianza que empieza al momento mismo del nacimiento y en muchos casos no se sabe cuando termina. Ser madre, en todas las culturas, más en la nuestra, es un acto por demás heroico. Y en muchos casos, va más allá de eso, como un acto sublime. Los hombres heroicos, suelen son más susceptibles a abandonar los hijos. Por mis observaciones, no diré nada concluyente, es sólo eso una simple percepción personal, superficial y ligera, derivada de mis vivencias, he llegado a pensar que las mujeres de la costa oriental, como decíamos los cumaneses, “son machorras” o “machas”, como diría un mexicano, lo que son expresiones misóginas. Mi calificativo sólo significa que son mandonas, nada fáciles para la aceptación del machismo o de ser sometidas por el hombre. Yo mismo, viví la experiencia durante más de 60 años con una dama, nacida y criada en ese espacio, específicamente en el bello pueblo sucrense llamado Río Caribe, que mandaba más que un general y su madre, más que unos cuantos oficiales de ese rango. Y eso, “en muchos casos”, dicho así por puro formalismo, resulta muy positivo y una bendición, pues ayuda al equilibrio, si se actúa inteligentemente. Por cosas inherentes a mi escuela, al intentar de entender esa conducta, encuentro un motivo en la vida habitual de los pescadores orientales. Estos, por razones o exigencias de la pesca, la movilidad de la vida marina, la trashumancia propia de aquella actividad, solían ausentarse de la casa durante meses, dos o tres seguidos; se hablaba de temporada de pesca de altura, muy lejos de la costa; algunos sólo estaban presente en casa unos días al año. Sobre este tema bien conozco, pues me crié entre pescadores, dado que mi barrio, estaba muy cerca de la playa y hasta bastante colaboré con ellos en aquello de halar el tren hacia la orilla. Abunda la literatura venezolana, como la de Henrique Bernardo Núñez, Guillermo Meneses, Renato Rodríguez, “Chevige Guayke”, etc., que habla de eso. En “El viejo y el mar” de Hemingway, hay atisbos de lo mismo. La ausencia del “hombre de la casa”, por motivos justificados, daba a la mujer, en el hogar, entorno familiar, un significativo poder y el hombre, frecuentemente ausente, reconoció el derecho de ella a poner sus reglas. Los hijos se formaban en una conducta también relacionada con la autoridad siempre presente. El padre, “el ausente”, se acogía a las reglas impuestas por la madre, la verdadera jefa de hogar. Por eso y otras tantas cosas de la vida venezolana, más cuando esa cultura, como toda, se difunde, siempre he tenido la impresión que la nuestra no es una donde el machismo predomina, más cuando en muy buena cantidad de hogares, la mujer es la jefa reconocida por la familia toda. Por eso, ver en el cuadro político actual, a tres mujeres comandando lo que Trump ha llamado el “proceso de tres fases”, que según el mismo ahorita está entrando en el último, ese que llama “transición”, no es asunto de casualidad y menos un indicio de un momento particular de acorralamiento del machismo, en un país donde las mujeres han conquistado el espacio merecido. Delcy, emergió al liderazgo, de pronto. Esto lo digo yo, pues fue mi percepción. Hasta el momento que la nombraron, si mal no recuerdo, Canciller de la República, nunca la había oído nombrar. Tanto que, en esos días, por primera y única vez, en un como fortuito encuentro con Héctor Navarro, le comenté, “¿de dónde sacó Maduro a esa carajita para ponerla en ese cargo, sin experiencia alguna?” Y agregué, “¿Sólo porque es hija de Jorge Rodríguez?” Navarro, ya habiendo roto con Maduro o este con él, me respondió, que se trataba, en efecto, de una joven desconocida, pero con mucho crédito o reconocimiento académico y me dio una larga retahíla de eso. Aquella respuesta de Navarro, dado que bien conocí a Jorge Rodríguez, padre, me habló de la madre de Jorge y Delcy, como una de aquellas heroínas que son las madres en familia de pescadores. Posiblemente, no conozco los detalles, detrás de Dinorah y María Corina, halla algo de lo mismo. Lo “curioso” o mejor cierto es que, al frente del proceso venezolano de ahorita, que comanda Trump, un macho cabrío, machista y egocéntrico, están tres mujeres, Delcy, Dinorah y María, puestas en el orden de aparición en lo relacionado con el asunto estatal a partir del 3 de enero. Delcy, puesta al comando en sustitución de Maduro; Dinorah, en representación del bando opositor a negociar con la primera y María, suelta en el ruedo ahora, para que haga lo que le corresponda hacer; eso sí, Trump, el macho, a ésta la tendrá bajo la mira, pues el proceso de transición, deberá terminar tal como, en la Casa Blanca, lo diseñaron, de manera que se genere un estado de cosas tan equilibrado que, gobierno y oposición, terminen acordándose en muchas cosas que allá diseñan. Quiere Trump, para su satisfacción, que las tres terminen hermanadas. Entonces, según él, hasta María debe ajustarse a lo acordado y no intentar alterar el orden. María y los suyos, hasta ahora, hace pocos días para mejor decirlo, parecían no entender el asunto. Como que, para Trump y los capitales de EEUU, unos interesados en mantenerse y otros en volver con seguridad a insertarse en el negocio petrolero, la legalidad es determinante. La “destitución” de Maduro, bajo la acusación de contrabandista de drogas y fraude electoral, adquirió validez, legalidad, no era nada fácil imponer esa narrativa. ¿Pero cómo hacer con la AN que tiene vigencia hasta el 2030? Esa interrogante explica la salida que crearon Trump y sus asesores, después de haber llegado a acuerdos con Maduro, a través de su representante Jorge Rodríguez, acerca de lo que había qué hacer, en todo lo relacionado con el negocio petrolero. La impronta del 3 de enero, que no estaba en los planes de Maduro y los suyos, puso a ambos bandos en una disyuntiva, nos acordamos en esto o en nada y vamos “hasta allá de más nunca”, como dijo Gallegos, el narrador, en Doña Bárbara. Y se acordaron, no había salida, más en un escenario frío y triste, para lo que motivos sobraban y sobran, como que el ingreso integral o los bonos pesan mucho, aunque poco tengan y en el mercado nada significan. Y con esa impronta, “entró Delcy” o mejor se quedó. La fuerza no hace todo, siempre se necesita un poco de sutileza y saber ceder para que el engranaje ajuste y se lleguen a “cordiales acuerdos”, que son los mejores. Trump, como ya dije, necesitaba el poder Ejecutivo, el control del aparato estatal en su versión ejecutiva, pero un legislativo para cambiar lo que era de su muy particular interés y Delcy le abría la posibilidad de lograrlo. ¿Cómo destituir a Maduro, dejar el poder legislativo intacto hasta el 2030 y perder la oportunidad de lograr los cambios legales en materia petrolera, sólo por satisfacer a María? ¿Cómo validar los cambios necesarios llevándose por delante a Maduro, con la excusa concebida por la oposición subversiva y asumida por Trump que habla de dictadura y narcogobierno y al mismo tiempo a toda la AN para lo que no hay motivaciones legales? Eso nunca estuvo en los planes de Trump, pero María creyó que sí. Justo por creer eso, después del 3 de enero, se estuvo mostrando inconforme y malcriada, pues esperaba que llamaran a Edmundo a ocuparse de la presidencia o a un inmediato proceso electoral para que ella, en poco tiempo, estuviese al frente en Miraflores. ¡Bueno es culantro pero no tanto! Además, quedaría la AN intacta, la necesaria para los cambios, no dispuesta a ellos. María se puso malcriada, aparte que Trump, tampoco la tenía como pertinente para entrar en las negociaciones. Por aquel ponerse demasiado malcriada y pretender que su interés fuese privilegiado por encima del de los negociantes del petróleo y la necesidad inmediata de reservas del hidrocarburo de EEUU, Trump se distanció más de ella y elogió por demás a Delcy. Pero hay que reiniciar el proceso, buscar un cambio político, dado el vacío dejado en la presidencia por el secuestro de Maduro; eso sí, después de haberse aprovechado de la enorme ventaja de una Asamblea Nacional mayoritaria, para hacer los cambios. Los acuerdos vitales para Trump, ya están sellados, ahora ha entrado y se propone cerrar la última fase, el acuerdo político y el llamado a elecciones. Pero sabe, por ahora, pues por disposición constitucional, la AN sigue vigente hasta el 2030. Por eso, lo último emanado de la Casa Blanca es que después de un proceso de acuerdos, entre Delcy y Dinorah, por supuesto bajo lo determinante y determinado, se llamará a elecciones, cuando Delcy “decida u opte declarar vacío de poder”, lo que calculan, según cómo marchan las conversaciones, que van apresuradas y la puesta en práctica de lo acordado, eso podría ser en el 2028, cuando las empresas petroleras, por pura coincidencia, ya estén en plena y libre operación. No parece sensato pensar que el cambio en el congreso interrumpa este proceso, pues el capital pesa mucho y demócratas y republicanos bien lo saben. María pretendió se validaran sus deseos; como que Trump hiciese lo que ella anhelaba. Por la testarudez de ella, Trump optó por Dinorah, quien según dicen, comandó él último periodo de la AN itinerante o interina, la del 2014, dado que Guaidó murió “antes del amanecer”, por las malas costumbres y acompañamiento, para liderar el proceso de “transición”. No podía ser María, dado que su emocionalidad y apresurados deseos, sin hacer prioritario los de Trump, estorbada; era como meter un elefante en una cristalería. Pero al final, “llegó María”, quien pudo haber llegado antes; después del 3 de enero, nada se lo impedía y nadie se iba a atrever a hacerlo. Pero ella esperaba entrar en otras circunstancias, hasta que se percató que, una cosa piensa el remero y otra el capitán. Trump, tenía que poner primero todo de su parte. Ella en verdad, es de su agrado, su propia gente. Pero lamentablemente, no estaba ni está en sus manos, darle a Trump lo que él alcanzó desde el 2 de enero hasta hoy. Hay mejores amigos porque están en el momento justo. No obstante, como que justamente, no por azar, si por el destacado rol que la mujer siempre ha jugado en Venezuela, por habérselo ganado, como estar en el andén y en orden cuando pasó el tren, tres de ellas lideran en Venezuela el proceso que dirige el misógino Trump. Trump espera que, tal como van las cosas, cuando Delcy y Dinorah han llegado a acordarse en cambios hacia la transición, un estado de cosas que a él satisfaga, María entre en el tono y ritmo adecuado, como para que no rompa los cristales. No está contra ella, no tiene motivos, sólo que no la halló adecuada para manejar un proceso que demanda equilibrio y sensatez. La evalúa demasiado afectada por lo emocional y aspiraciones personales inmediatas, como si sufriera de elefantiasis. Dado lo avanzado del proceso de tres fases, como que está en la última, convencida María que siguiendo como venía, viviendo fuera lamentándose, corría el riesgo de quedar por fuera o llegar al andén cuando el tren hubiese partido, decidió cambiar su narrativa, la que usaba para justificar su ausencia y se vino. Tiene ahora que bailar al son que marca Trump, pues enfrentarlo sería como romper con el padre y perder la herencia.

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