MEDITACIONES DE UN DOCENTE JUBILADO. LA POLITICA, HIZO A LA MAYORIA DE LA DIRIGENCIA GREMIAL Y SINDICAL,ENEMIGA DE LOS TRABAJADORES(Eligio Damas)

Meditaciones de un docente jubilado. La política, hizo a la mayoría de la dirigencia gremial y sindical, enemiga de los trabajadores Eligio Damas A mediados de la década del setenta, estando en Caracas en el Colegio de Profesores de Venezuela (CPV), con la finalidad de participar como miembro de la directiva de la Seccional N° 9, la del norte de Anzoátegui, un señor bastante mayor que yo, quien llevaba largo ratos esperando para hablar con un alto dirigente, por su estado de angustia y quizás creyendo podía ayudarle, me habló de sus pesares. Era un profesor, colega, egresado del Instituto Pedagógico de Caracas, quien había sido jubilado años atrás, después de más de 25 años de servicio, con las responsabilidades de jefe de familia, como hijos todavía estudiando, con una asignación mensual fija que, por los movimientos de la economía y el valor monetario, se había convertido en miserable. Poco tiempo atrás, unos meses, habíamos alcanzado el derecho a contratar con el patrón y se nos clasificase como trabajadores y no empleados públicos, todavía los jubilados no habían sido beneficiados con aquello y seguían cobrando el miserable sueldo que les fue asignado en el momento del retiro. Su rostro mostraba signos de angustia y pesadumbre, la que me transmitió cuando me informó sobre la cifra que cobraba quincenalmente, después de tantos años de servicio y haber sido jubilado siendo director de un liceo. No era yo, militante de partido alguno, sino eso que llamábamos convencionalmente “independiente”, pero opuesto a los gobiernos de la IV República, docente por horas, sin gozar del beneficio de licencia gremial, pues entonces esta estaba limitada a quienes presidían sindicatos y alguno que otro agente del status político. O dicho de otra manera, esos “reconocimientos”, como las funciones directivas en escuelas y liceos, estaban reservadas para militantes de los partidos herederos del puntofijismo, AD y Copei. Al comparar la cifra de su jubilación con la correspondiente a mi ingreso como docente por horas, pues para aquel momento tampoco existía el Reglamento del Ejercicio de Profesión Docente, que obligaba* a los gobernantes a asignar los cargos directivos o de ascenso mediante concursos y no reservarlos a los militantes del partido de gobierno, aquella parecía una limosna miserable, no una jubilación de un educador de nivel universitario que había dedicado su vida a la enseñanza. No obstante, lo reconforté diciéndole lo que bien sabía, que el proyecto de contrato que se elaboraba para presentarlo a discusión en breve, contenía una cláusula que amparaba a los jubilados, de manera que cobrasen tal como como los activos del mismo rango. En efecto, el proyecto de contrato en ciernes, que sería presentado en breve a la discusión con las autoridades del Estado, contenía una cláusula referida a los jubilados, tal como le informé al angustiado colega. Poco tiempo después de luchas duras, intensas, logramos aquella conquista para los educadores jubilados, pero también para quienes siendo activos, algún día llegaríamos a ese estado. Fue una conquista de todos, pues en esa lucha, como tantas otras, en los momentos cruciales, los intereses de los educadores, trabajadores de la enseñanza, privaban en todos los sectores sindicales. Fue esa una manera de amparar a los jubilados, pero también la calidad del sistema educativo. Un modo de estimular a los docentes para ser cada día mejores y a los jóvenes a interesarse en una profesión bella y humanista, quienes, con esa cláusula, supuestamente aseguraríamos nuestra vejez, hasta que llegamos al punto donde estamos y se nos atravesó en el camino la ONAPRE. Una vaina tan ruda como el pronunciar su nombre. Pero también logramos servicio de salud eficiente a través del IPASME; como el inherente al sector privado, pagado por el Estado según lo convenido en contrato. Y en el Colegio de Profesores de Venezuela, mediante un pago discreto en comparación con nuestros ingresos por un seguro de salud y hasta mortuorio, teníamos derecho a esos servicios, incluyendo medicinas y exámenes. Aquellas conquistas, fueron logradas bajo gobiernos de la llamada IV República, aun en momentos de bajos ingresos, por el vaivén de los precios petroleros, derivados más que por la contracción del mercado, por el saboteo de ciertos gobiernos, como el de Venezuela mismo, a las política de la OPEP, violando los límites de las cuotas de producción acordadas, sobrepasando la demanda. Recordemos que la “meritocracia petrolera”, incrustada en PDVSA, se comportaba como agente del capital estadounidense y por eso violaba las normas, cuotas establecidas por la OPEP, contribuía a inundar el mercado petrolero para mantener los precios del hidrocarburo en niveles miserables, como el de 2.80 dólares, según I.A., cuando Chávez asumió la presidencia. Cuando Chávez entró a gobernar en Miraflores, los educadores llevábamos años contratando con el gobierno, pues en 1984, fue firmado el primer contrato entre nuestros gremios, Ministerio de Educación y gobernaciones. Cada cierto tiempo, según recuerdo, cada dos años, se renovaba la contratación, siempre acompañada e impulsada aquella meta por duras luchas que solían apoyarse, cuando lo imponía la terquedad del patrón, en paros escalonados o huelgas, donde siempre, a la larga se imponía la unidad. Dada la buena intención del barinés y la abundancia de recursos, derivada de la nueva gestión gubernamental en el negocio petrolero, que empezó por respetar las normas, cuotas de la OPEP y con ello contribuir a que los precios petroleros subiesen al nivel adecuado, optó por decretar cada cierto tiempo, antes del vencimiento de los contratos, aumentos salariales. Acto lleno de buena fe, que pudo haber sido o fue, un arma de doble filo, una inyección letal que durmió a sindicatos y sindicalistas, quienes, en mayoría, creyeron que su labor inmediata, no era luchar por el beneficio de los trabajadores, sino defender al gobierno o tumbarlo, según la posición política de cada factor. La nueva política de PDVSA, que contribuyó a llegar acuerdos y conciliaciones dentro de la OPEP, se tradujo en un fuerte incremento de los precios del petróleo, ingreso nacional e hizo de Chávez un presidente con ventajas para lidiar con los factores que actuaban en contra suya, empezando por Fedecámaras y deshacerse de la “meritocracia petrolera”, que se suicidó al volverse cómplice del golpe de Estado encabezado por aquel ente empresarial y particularmente por Carmona Estanga. Aquella “bonanza”, se tradujo en bienestar para los trabajadores todos, no hay duda, pues Chávez, se prodigó en aumentar salarios, volviendo los contratos instrumentos como innecesarios. No había necesidad de esperar por contratación porque antes que ella venciera, ya Chávez había aumentado el salario a niveles satisfactorios. Pero en la misma medida y velocidad que el barinés movía, aumentaba los sueldos y salarios, decaía el interés, entusiasmo y responsabilidad de la dirigencia gremial “chavista”, que terminó creyendo que, su primera responsabilidad era volverse agente del gobierno, mientras la opositora se sintió sin banderas y enviada al burladero y optó entonces en convertirse en participante de la gestión destinada a tumbar a al gobierno. Razón tuvimos los dirigentes gremiales en los tiempos de la IV República de oponernos a la aplicación de una norma, llamada “escala móvil de salarios”, que suponía o acordaba el aumento cada cierto tiempo, de acuerdo la canasta básica o la inflación. Eso suponía, poner a un lado, la “bujía” de mayor amperaje, para mover a los trabajadores a la lucha por otras banderas y rebajar la disposición para todas las luchas. Por eso siempre he dicho que, con aquella conducta generosa, bien intencionada, Chávez generó una clase sindical amodorrada y postrada ante los gobernantes. Y por otra parte, contribuyó a que los sindicalistas opositores, se convirtieran en agentes de la subversión. Por lo anterior, comenzó a crearse la conducta de una dirigencia sindical dividida en dos lotes, ganados por el factor político, como enemigos irreconciliables, uno partidario del gobierno y otro en contra. Sin percatarse, los dos terminaron siendo lo mismo, enemigos de los trabajadores y por tal, indiferentes ante las demandas de sus supuestos representados. De allí en adelante, no hubo forma que, como antes, se pusiesen de acuerdo en lo que les era fundamental y prioritario, defender el salario, mediante la peticiones contractuales y las luchas en conjunto por ellas. El último contrato de los educadores, el que sigue vigente, fue firmado bajo la presidencia de Maduro, siendo Elías Jaua, su ministro de Educación. Pues, entonces, “en eso llegó la ONAPRE”, mandada por la presidencia y secuestró los contratos, “decretó la igualdad entre los trabajadores todos, pero por al nivel más bajo”. Y vinieron los bonos, aquella morisqueta del Petro y “la revolución”, se disolvió o involucionó a un estado de miseria colectiva, pero abajo, mientras arriba, se daban manifestaciones de riqueza y bienestar, como lo fue en tantos casos, donde la figura de Tareck El Aissami, es descollante. Pero la medida incluyó los salarios de todos los trabajadores, públicos y privados, por lo que el gobierno se ganó el aval de Fedecámaras; estuvo entre las conveniencias, para ganarse el respaldo del ente empresarial a contener a aquella oposición que no era capaz de diseñar ninguna forma de lucha dentro de la legalidad, la paz, invocando a las multitudes, sino sujeta a la violencia, el terrorismo y la incitación a EEUU a la aplicación y endurecimiento de sanciones. Maduro, como el “Flautista de Hamelin”, o una mejor versión de aquél que, con su instrumento, por encantamiento, llevó las ratas y luego, los niños con su música, con la ONAPRE, pese lo rudo del sonido de la palabra, hizo, de manera mágica, el socialismo en dos versiones dentro del mismo y enorme escenario; volvió a los “más pendejos” iguales y los “astutos y rísperos” también, pero cada parte de modo cuantitativo diferente. De modo que en su versión socialista, los venezolanos quedamos divididos en dos lotes iguales entre sí, los de arriba, incluyendo los altos funcionarios del gobierno, los empresarios, sus gerentes y administradores, colocados muellemente en una deliciosa vida y los de abajo, los trabajadores todos, incrustados en un estado de “igualdad” miserable, que algunos, hasta Luis Britto García, ha cometido el atrevimiento de llamar socialismo. Siendo las cosas así, tan iguales y soñadas, el movimiento sindical se sintió sin la obligación de luchar por el salario. Eso dejó de ser asunto de la clase y de ellos, dada la igualdad, la felicidad y el equilibrio. ¿Para qué luchar, si la igualdad ya estaba “hecha y puesta”? Era, según concluyeron, la hora del descanso y disfrute de la igualdad socialista. Y aquel mágico pase de igualdad, se nos ha vuelto eterno y para los trabajadores más, por lo agobiante y tacaño. Según la narrativa oficial u oficialista, la culpa de todo la tienen las sanciones; ellas no debieron producirse, son inhumanas. Hasta allí llega el discurso. No dice qué debimos hacer para evitarlas y evitarnos un final bochornoso, como tener que conciliar con el enemigo en evidente desventaja y en “aparente” entrega. A los jubilados, como a los trabajadores todos, nos cambiaron la vida e hicieron insoportable la vejez. Nos rebajaron brutalmente el ingreso y, al mismo tiempo, nos quitaron los derechos al servicio de salud. Médico a tiempo, no cuando llegue la larga ronda de espera o uno muera en la indigencia; las medicinas, exámenes, etc., todo eso se acabó con la igualdad, para eso somos iguales. La alimentación se nos volvió precaria. Claro, esto que digo también lo padecen los trabajadores activos, sólo que ellos son jóvenes y son más resistentes, pero tienen hijos. Somos todos iguales en nuestro mundo de miseria y privaciones. A los de arriba, la vida los sigue tratando igual, nada les falta; si sufren un accidente, las clínicas privadas están abiertas y las medicinas llegan sin costo alguno o les sobra para pagar. La igualdad de la “revolución” decretada por Maduro, cuando congeló los salarios, no ha cambiado hasta ahora. El “cambio” que “lidera” Delcy, bajo condición de imposición y condicionamiento externo, debido a tanta igualdad y mansedumbre, se planifica en la cúpula y, esta, para lucirse e imponerse, cuida no dar señal alguna, no hacer ningún ruido. Los trabajadores y los jubilados por haberlo sido, por iguales, no tenemos derecho a saber nada, eso no nos incumbe, para eso están los prodigadores de la igualdad, los flautistas. Pues ellos, por justos e igualadores, deben evitar el ruido de los avaros jubilados y trabajadores. Mientras tanto, en conciliábulo, el gobierno mediante representantes muy descalificados frente a la clase trabajadora, gremios de los que abandonaron la lucha y Fedecámaras, deciden de nuevo el destino de los trabajadores. Y como dije, en conciliábulo, se acuerdan sobre un tema, el salario, inherente a una multitud, a la que valoran sin derecho a saber lo que se decide sobre su destino. *Usé el pasado, porque es obvio que, ese Reglamento, fue puesto a un lado o congelado como el salario.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

MIRANDO AL MUNDO EN UN BAMBOLEO EXTRANO. TRUMP NO ESTA BORRACHO NI LOCO, PONE A EEUU A LA DEFENSIVA(Eligio Damas)

DEL SECUESTRO DE ALFREDO DI STEFANO AL DE NIEHOUS. !COMO CAMBIA LA MODA!(Eligio Damas)

EL CENTRALISMO, COOPTACION SON CONTRARIOS AL ESPIRITU DE CAMBIO DE MODELO EN FAVOR DE LAS MULTITUDES(Eligio Damas)