EL 3 DE ENERO, LOS ACUERDOS PREVIOS Y LAS FRACASADAS ESTRATEGIAS DE LA INFANCIA. DELCY EN FEDECAMARAS (Eligio Damas)
El 3 de enero, los acuerdos previos y las fracasadas estrategias de la infancia. Delcy en Fedecámaras
Eligio Damas
Nota: Este artículo lo escribí unos días atrás. Por haberme enterado de los anuncios de Delcy, ayer en la Asamblea anual de Fedecámaras, en los que, entre otros, estuvo el del retorno del capital privado a “un” sector, de lo que por años hemos llamado, “básico”, en este caso el eléctrico, despertando un enorme entusiasmo, opté por poner esta nota adicional y un agregado en el título. El rol del Estado venezolano, desde la impronta del petróleo, pudiera comenzar a cambiar. Sería inadecuado y más serio retroceso que, aparte de hacer concesiones de participación en áreas llamadas estratégicas, el capital que ellas se invierta, provenga de créditos del Estado, dada la posibilidad que la nueva era petrolera, nos inunde de dólares.
Pero hay algo más que esos cambios; se disputa por quién o quiénes deben conducirlo o liderarlo. Es decir, parece estar también produciéndose un cambio de roles dentro del liderazgo.
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En mi archivo, tengo un par de artículos sin publicar aún, en los cuales me pregunto y pregunto a quienes los lean, que es lo pertinente decir, “socialismo con particularidades chinas”, o “capitalismo con particularidades chinas”. Creo lo más acertado la segunda definición y en ellos están las razones que me asisten. Quienes hablan del “socialismo con particularidades chinas”, se fundamentan en la existencia de un Estado económicamente poderoso que, desde el inicio de la implementación del modelo, bajo el liderazgo de Xi Jinping, se cuidó de acumular capital e invertir a través de diferentes mecanismos y con ello, garantizarse la fuerza necesaria para influir con suficiente autoridad en los asuntos inherentes a la sociedad china y no depender o quedar bajo la dependencia del capital privado y las influencias de los dueños de éste. Es una sociedad donde subsisten capital privado y estatal, con predominio del segundo. El Estado, entre lo tanto que controla, incluye lo que llamamos “industrias básicas”.
Una cosa es actuar de la mejor buena fe, lleno de las mejores intenciones, intentando favorecer a las mayorías y otra asumir una estrategia o procederes que desconocen e ignoran la realidad, como la cultura, relaciones dominantes en nuestro espacio interno y el circundante; es decir, sin fundamentos o sustento, pretender producir cambios de gran envergadura y hasta soñados, en lo inmediato. Hasta quienes formaron parte del cuerpo dirigente con mayor influencia y de más confianza del máximo líder, demostraron, en buena medida, carecer de la adecuada formación política y hasta moral para los roles que desempeñaron. Si hacemos una lista de los tantos que incurrieron en actos de corrupción y quienes demostraron no ser competentes para los roles que desempeñaron, sería interminable. Es decir, el supuesto partido de vanguardia mismo, tampoco tenía la cultura inherente para la meta que trazaba. Nació de un tumulto, un proceso apresurado y por supuesto generó un liderazgo inmaduro, nada competente. Se concibió y construyó al PSUV, como un partido vertical, una estructura para que los abajo recibieran órdenes y hasta incompetente para cumplir la tarea que, el propio Chávez, en su enredo, persistentes contradicciones, reclamaba, “para hacer auditoría”, sino uno para obedecer, tanto que, el Estado, nada secretamente, terminó engulléndole.
Esta introducción viene a cuento, porque desde que Venezuela se convirtió en una fuerte extractiva y exportadora de petróleo, el Estado se hizo poderoso. Ese fenómeno y riqueza ayudó a Gómez a terminar la tarea que había iniciado su compadre Cipriano Castro, cuando comandó el “grupo de los 60”, la de exterminar a los caudillos, generados entre propietarios de tierras o comerciantes, usureros e imponer la autoridad estatal. Los asuntos de impuestos, la distribución de los mismos, rivalidad entre prestamistas, comerciantes y propietarios de tierras con amenaza de demandas, movían y alimentaban a los caudillos y sustentaban sus guerras.
Tanto fue el poder del Estado que CAP, nacionalizó las empresas petroleras en 1975 y pudo negociar con las empresas extranjeras, pese que en 1983, por una ley promulgada en 1943, bajo el gobierno de Medina, que establecía como consecuencia de la caducidad de ella, los activos de las petroleras pasarían a propiedad del Estado, sin remuneración alguna. El Estado se atrevió a asumir ese compromiso.
Es decir, lo hecho por Gómez, Medina y CAP, son demostraciones, de cuánto poder tenía el Estado venezolano y las cifras implícitas en el petróleo de reserva, las instalaciones de la industria y tantas cosas más, enriquecen, fortalecen esa idea. Era o es Venezuela, una sociedad capitalista, donde el Estado, por el petróleo, ha gozado de un poder descomunal, que le ha permitido también, como en China, ser propietario de las industrias básicas. Y nunca a nadie, a pesar de eso, se le ocurrió decir, que éramos una sociedad socialista hasta que a Chávez, repicando un discurso de Heinz Dieterich, se le ocurrió decir que éramos una sociedad “en transición hacia el socialismo del siglo XXI”. Con la advertencia que, para el sociólogo alemán, su socialismo estaba concebido de manera diferente al modelo chino.
Luis Britto García, en su “Salutación del optimista”, al hacer lo que llamaría un sustancial inventario de Venezuela dijo, “Por no agobiar al lector no añadimos un inventario de las demás riquezas del país, comenzando por la energía hidroeléctrica de Guayana, el agua, la biodiversidad, el hierro, el aluminio, el coltán, el cobre, el torio, sin omitir una espléndida fuerza de trabajo de 14.167.281 personas, casi la mitad de la población, de la cual unos
6.274.817 son trabajadores intelectuales, y 2.267.003 específicamente
califican como profesionales, técnicos y afines.”
http://luisbrittogarcia.blogspot.com/2019/04/salutacion-del-optimista.html,
Creo pertinente señalar cómo a Luis Britto, quizás por un atavismo nacional, se le olvidó mencionar las enormes extensiones de tierras cultivables, los pastizales naturales y, en consecuencia, los espacios para la ganadería que poseemos.
De Gómez para acá, el recurso petrolero, propiedad del Estado y explotado por el capital privado, sirvió para que particulares nacionales acumularan capital, pero nunca en las cifras de lo que le ingresaba al Estado y permanecía y permanece en las entrañas de la tierra. El Estado optó por la práctica, en tiempos del puntofijismo, en mayor grado, de conceder jugosos créditos “blandos”, a cambio de intereses insignificantes al sector privado, con el interés de promover el desarrollo económico del país, sin evitar que, buena cantidad de ese dinero, emigrara o se invirtiera en mayor grado en importar mercancías y no en la generación de una industria para el mercado interno y externo. En esos tiempos se habló de los “capitales golondrinas”, que se iban de un sitio a otro, buscando mejores ganancias, para quienes los administraban. Por eso, los créditos blandos que el Estado otorgaba a nuestros “capitalistas”, terminaban financiando el desarrollo de otros países.
Los adecos, ya cansados de lo mismo, hablaron de “burguesía parasitaria” y hasta intentaron, cuando esos capitalistas comenzaron a explotar las diferencias que estaban guardadas entre los partidos del puntofijismo, cambiando de un lado a otro, por crear su propia burguesía. Un plan por cierto que, Chávez, dentro de su socialismo del siglo XXI, intentó repetir, en buena medida, con los mismos resultados.
Ese poder estatal, en Venezuela, más en el momento que China se ha consolidado como una potencia mundial y una amenaza para EEUU y Europa, no por lo del “comunismo”, como ellos pregonan, sino por la apabullante competencia económica y poder militar y cuando, de las ruinas de la URSS, emerge Rusia, también como país capitalista en el mismo sentido, aunque con menos poder que el país de los mandarines, genera en Chávez y, al parecer, en una pequeña cúpula de anónimos, la idea de asumirse antiimperialistas, no en el estricto sentido de lo que eso significa, sino desafiante del poder norteamericano. Este atrevimiento o sueño, al parecer, estuvo sustentado en la falsa idea que, los “aliados” de Europa y Asia, cubrirían las brechas que generaría tal enfrentamiento. Eso pienso, cuando recuerdo aquel repetido discurso de Chávez, según el cual, se podía seguir el camino trazado y hasta llegar más adelante, “aunque no nos compren ni una gota de petróleo”. Pero también sin haber diagnosticado con certeza que, aquel enorme poder estatal venezolano, estaba sujeto a determinadas y particulares relaciones no fácilmente sustituibles como lo demostraron los hechos.
La política petrolera diseñada bajo el gobierno de Chávez y su ministro respectivo, terminó en la destrucción de nuestra industria del ramo y por lo mismo, en una caída brutal de la producción y el ingreso nacional en los tiempos de Maduro. No sólo llegamos a no tener a quién venderle y al precio justo, sino al cómo extraerlo del subsuelo. Pocos días atrás, Mendoza Potellá, habló de 17 mil pozos de petróleo liviano abandonados, producto además del privilegio dado a la “Faja Petrolífera del Orinoco”.
Pudieron EEUU y sus aliados aplicarnos sanciones de todo tipo, sin hallar quien nos defendiese o nos ayudase a abrir los caminos a tomar. Como que, los planes y sueños de Chávez y sus asesores, hasta sus entrañables amigos, pese los roles que desempeñaban y desempeñan, no previeron que, toda esa capacidad de agredirnos, era posible. Rusia y China, quizás sin dejar de ayudarnos en algo, para amortiguar el golpe, nos vieron descender y nada sustantivo hicieron para detener nuestra caída o, por lo menos, no evitaron que llegásemos al 3 de enero. Si pudo el poder norteamericano golpearnos fuertemente, disminuyendo sustantivamente su participación como mercado nuestro, aplicarnos sanciones de toda naturaleza, sin duda predecibles, hasta llegar a ponernos a “la defensiva” y asidos a un manejo diplomático desventajoso.
Maduro no tardó en entender que aquel sueño no tenía sustento. O quizás, no lo sé, al contrario, se tardó demasiado en entenderlo. Al momento de juzgar esto, habría que ponderar el peso del discurso de Chávez, el enorme reto que significaba cambiar el discurso y prácticas; reformular los sueños e ideas engendrados por ellos.
De repente empezaron a producirse cambios, al parecer no percibidos por muchos. El gobierno y Fedecámaras comenzaron a entenderse. Tanto que, en el ente empresarial, cambiaron las figuras dirigentes para darle al organismo una nueva cara y emergió una política salarial derivada de la fuerte presión empresarial, como la manipulación del dólar y los precios, que el gobierno hizo suya. Y Fedecámaras se distanció de manera por demás visible de la oposición. Sus nuevos dirigentes dejaron de formar parte de las caras opositoras. Hubo un cambio de actores para darle sustento moral a la actitud del organismo empresarial, con respecto al gobierno, con el consentimiento de todos. Hasta Lorenzo Mendoza se sumergió en un largo mutismo que aún perdura.
Ya, en esos tiempos, también comenzaron los intercambios diplomáticos entre el gobierno, oposición y la Casa Blanca. Un proceso lento y sin resultados. Donde, desde el momento mismo de la firma, los acuerdos son desechados, al margen de dónde empezó o abundó tal conducta. Los actos violentos y los intercambios políticos y diplomáticos se mezclaban y lo primero desbarataba lo segundo.
Poco tiempo después de su llegada por segunda vez a la presidencia, Trump se halla frente a un inconveniente. Los resultados electorales del 24 de julio del año pasado, dejaron dos lecturas. Lo que complicó el panorama al residente por segunda vez de la Casa Blanca, quien venía, según el divulgado discurso de Richard Grenell, su muy cercano asesor diplomático, en disposición de llegar a acuerdos con el gobierno de Venezuela. Ante tal situación, Trump opta por jugar a las dos cartas. Reconoce el triunfo de Edmundo González, pero sigue negociando con Maduro. Pues su meta no es otra, sino el petróleo, por lo que todo el mundo sabe.
Por su parte Grenell insiste en lo diplomático. Y ahora, como por su intermediación, se produce un cambio. Los encuentros entre el gobierno de Maduro y el bando opositor que representa MCM, se interrumpen o mejor cesan. La Casa Blanca asume directamente el rol de contertulio con Miraflores, representado este sector por Jorge Rodríguez, hermano de la vicepresidenta en ejercicio. Como suele suceder, pese al secretismo, las noticias o chismes se escapan y se comienza a hablar de acuerdos. Sabe bien Trump que, quienes ejercen en Miraflores, tienen un significativo apoyo popular, aunque mermado, respaldo sólido en el ejército y control absoluto de la AN. Es decir, para decirlo de manera discreta, tienen más que ofrecerle a Trump, en el intercambio diplomático que la oposición.
Pero paralelo a lo anterior, la narrativa iniciada por el sector opositor y luego asumida por Trump, relacionada con “El tren de Aragua y Cartel de los soles”, toma mayor fuerza. Trump expuso, ante el público norteamericano y el mundo, a Maduro, como el jefe de ambas bandas. Un “capo” con quien se dialoga en busca de acuerdos, por ejemplo sobre asuntos de cómo facilitar la inversión de capitales de EEUU en la explotación y exportación petrolera; en garantizar a ese país una buena cantidad de las reservas nacionales, dado que las suyas andan en declive. Es decir, Trump, de repente, se halló encerrado en su propia trampa. ¿Cómo acordarse con Maduro, el capo, jefe del Tren de Aragua y del Cartel de Soles, apropiado de toda la droga que produce Colombia, los caminos y medios para introducirla en USA?
La diplomacia ha avanzado, hay acuerdos. El discurso según el cual “no importa que EEUU no nos compre una gota de petróleo” y el sueño que los capitales de amigos vendrían en nuestro rescate, se deshizo. Por lo menos, la realidad mostró que eso no era posible. Tanto que, hasta China, siguió cobrándose la deuda que tenemos con ella, llevando allá buena parte del petróleo que aquí se extraía, mientras el salario se congeló, se deterioraron todos los servicios y Venezuela fue hundida en la ruina. Porque China, no es una sociedad altruista, tampoco movida por fines ideológicos-políticos como la URSS, sino una capitalista con su correspondiente lógica.
Trump y con él, los capitales de EEUU nos vencieron, nos impusieron sus reglas, aunque no podamos decir que alguien se vendió o rindió, pues eso sería una manera muy simple de explicar un asunto que comenzó a cojear desde el principio. Quedó demostrado que la realidad y los sueños transitan por caminos diferentes.
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