EL ESTADO, CON EL SISTEMA DE BONOS, PARALIZA LA LUCHA SALARIAL Y POR EL CAMBIO TODO, ESO ES DECADENTE
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Buenas tardes Frank. Mis mejores deseos para ti amigo, Salud. Eligio Damas
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Eligio Damas
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damas.eligio@gmail.com
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George Diaz
Sep 1, 2026, 4:42 PM
El Estado, con el sistema de bonos, paraliza la lucha salarial y por el cambio todo. Eso es decadente.
Eligio Damas
Parte I
Nota: Según el razonar de algunos, desde
los tiempos de Gómez, vivimos en socialismo
y no nos hemos dado cuenta.
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Empezaré estas reflexiones por un asunto que pareciera simple, eso siempre he creído, pero observo que, en mucha gente, se muestra complejo y lleva a conclusiones erradas.
Alguien, opuesto al llamado que hacemos en favor de la lucha salarial, que es por el cambio, la justicia, bienestar, crecimiento y hasta del gobierno mismo para que detenga su desgaste, aparentemente “ganado” por la idea o cuento de hadas que estamos, si no en una sociedad socialista, en transición hacia ella y más ahora, cuando Trump sigue desplegando sus piezas, utilizó como argumento la referencia del mayor poder económico del Estado sobre el capital privado. Por lo que, según él, siendo así, la lucha por el salario no tiene fundamento y entonces, la pasividad de los trabajadores y conformidad con el “Bono de guerra”, es lo que más conviene, habiendo supuestamente alcanzado la meta de la igualdad con todo lo que esto significa.
Entonces la condición de sociedad socialista se deriva de un elemento cuantitativo, el mayor poder económico del Estado con respecto al capital privado; una idea que toma fuerza, bajo la definición del “nuevo socialismo”, por la experiencia de China.
Desde los tiempos de Gómez, más con el inicio de la era petrolera y el rentismo, derivado del hidrocarburo, propiedad de la nación, herencia de la etapa colonial, cuando la monarquía española, pensando en el oro, dispuso que todo lo habido en el subsuelo, era propiedad “realenga”, es decir del monarca o monarquía, el Estado, siempre ha sido económicamente hablando, más poderoso que el sector privado. Los republicanos de 1811, si algo bueno hicieron al redactar aquella constitución, es haber reescrito ese principio monárquico, en ella. Si no, el petróleo todo, pertenecería a los “amos del valle”.
Ese mandato o disposición, al arranque de la etapa petrolera, hizo del Estado venezolano un fortín, una fuerza sin competencia interna. Tanto que él mismo, fue el promotor y financista de la nueva burguesía, una como heredera de aquellas ¡águilas chulas” de las que habló Herrera Luque. Pues ellas crecieron, se enriquecieron y fortalecieron, en gran medida, con los créditos blandos dados por el Estado. Tanto que Fedecámaras, nace en 1944, con el objetivo de unir fuerzas empresariales por su disputa por la repartición del ingreso petrolero con el Estado poderoso.
Es decir, ese poder económico, derivado del petróleo, fortaleció el modelo capitalista enclenque, emergido de la Venezuela colonial, guerra de independencia y de los tiempos de las interminables guerras civiles, de caudillos infértiles, incluyendo aquella llamada pomposamente Revolución Federal que terminó siendo “más bulla que cabuya”, de un federalismo de apariencia, tan centralista como antes.
Pero la Venezuela que inicia la explotación petrolera, ya estaba inmersa en el modelo capitalista que, de paso, dominaba al mundo todo. De modo que, el Estado gomecista y los manejados posteriormente por otros hasta hoy, siempre ha estado inmerso en la cultura aquella, de la propiedad privada de los medios de producción y el pago salarial a los trabajadores. Por supuesto, el origen del mayor volumen del ingreso del Estado, la actividad petrolera, hizo del mismo siempre más poderoso que el inherente a los capitalistas privados, quienes como ya dije, vivían y crecían por lo bondadoso de aquel con ellos en materia de créditos. Como Herrera Luque habló de "Águilas Chulas”, de la época colonial, los adecos hablaron de una “burguesía parasitaria”.
Pero ya en los tiempos de la IV República, esa burguesía que había crecido y fortalecido, pese seguía contando con el favor estatal, comenzó a rebelarse de un modo y proceder más enérgico que antes. Los empresarios, sobre todo aquellos asociados a Pro-Venezuela, se alzaron contra Pérez Jiménez, entre ellos los olvidados Eugenio Mendoza y Alejandro Hernández. Fueron notorios, los enfrentamientos de factores del capital, con los gobernantes. Recuerdo los berrinches contra Luis Herrera, por haber tomado acciones como aquella de prohibir la promoción de consumo de alcohol y cigarrillos por los medios de comunicación y contra Jaime Lusinchi, por otros motivos. Iguales berrinches empresariales confrontó CAP (I), en un momento de un enorme poder estatal por los cuantiosos ingresos petroleros. ¿Y qué hablar de los tiempos de iniciales de Chávez, cuando lideraron un golpe de Estado, asociados con la “meritocracia petrolera, hasta llegar a acordarse con Maduro, por lo menos en ciertos aspectos? Berrinches que, en verdad, se explicaban en motivos ocultos, como no haber sido satisfechos a plenitud con algún crédito u cualquier solicitud.
Es decir, el poder del Estado venezolano, siempre ha sido significativo, notable, por el demasiado alto volumen de ingreso, como también su conducta, es la inherente a la cultura del modelo capitalista. Eso no ha cambiado, como parece creerlo alguien, quien pareciera soñar que vivimos en una sociedad socialista o con mucho de ella. Si eso fuese cierto, por el poder del Estado venezolano, fundamentado en el ingreso petrolero, entonces sería valedero pensar que, desde Gómez para acá, aunque ahora menos, hemos vivido inmersos en una sociedad socialista sin darnos cuenta y, algunos, hasta erradamente, luchamos contra ella, en busca de lo que teníamos. Como hasta optar por la lucha armada en pro de un socialismo que, según esa manera de valorar, ya existía.
Al abordar el tema salarial en la Venezuela de ahora, hay que partir de la realidad, no de invenciones; estamos inmersos en una sociedad capitalista, donde ha prevalecido el poder económico del Estado, un ente único y de las clases que también han acumulado capital, los empresarios. Con el agregado que, por las sanciones y la errada política opositora que las solicitó y apoyó, más la persistente violencia, el capital privado se vio obligado a concertarse con el gobierno. Ahora mismo, el Estado o el gobierno llega a acuerdos mis discutidos y que despiertan desconfianza, sin que se sienta el poder del movimiento popular para evitar excesos.
La cultura dominante y la distribución de la propiedad en nuestra sociedad es capitalista y los beneficios del trabajo se reparten de conformidad a las normas habituales derivadas de ella. Aunque en Venezuela, en los últimos años, por distintos motivos, se ha producido una forma inédita de explotación, disfrazada de “igualdad y equilibrio”, asumida por el factor gobernante, a manera de supervivencia, heredero de un proceso que inicialmente se propuso cambios importantes. Pues el bono, en sustitución del salario, por varios motivos, es un instrumento peligroso que puede conducir o conduce a la dominación de los trabajadores por parte del Estado capitalista y en favor del modelo.
Por supuesto, para no dejar cable atado que sirva de enganche, debo reconocer el deterioro causado por las sanciones, lo que al parecer, el gobierno actual, como tardíamente y por ello en desventaja, con acciones concretas, no simples reclamos, intenta que se suspendan.
Estando en una sociedad como la que ya dijimos, entonces la lucha por el salario, debería ser la fuerza que unifique a los trabajadores, para “moverla”, hasta en defensa de la soberanía y una forma dinámica, para que ellos se hagan sentir. Esa lucha, como se ha dicho tantas veces, es bujía del movimiento social, por el cambio y agresiones externas.
Dejar en manos del Estado, uno de reglas y cultura de propietario, pese quienes lo manejen sean percibidos por algunos como garantía del cambio, la potestad, para que, cada cierto tiempo, decida en materia salarial y olvidarse de los contratos y las luchas por ellos, es declarar a la clase en indefensión, paralizarla, ponerla de rodillas ante el patrón, negarle sus derechos y pertinencia para el progreso todo y el cambio social y asignarlo al Estado, una concepción ajena a la dialéctica, al movimiento real y a los intereses de los trabajadores y coherente con el interés de la clase dominante. Es una negación absoluta de la lucha por la distribución equilibrada del producto del trabajo y el deseado cambio de la sociedad. Es como ponerle a la clase trabajadora un fórceps para paralizarla. Creer que, la lucha salarial, implica solo reclamar una mayor remuneración, valor cuantitativo y no envuelve una toma de conciencia en favor del cambio, lo cualitativo, más si se le suman consignas y metas de mayor alcance, es creer que, para nada, es necesario el aporte de los trabajadores y la multitud; bastaría con la buena fe y la voluntad de la vanguardia, un catecismo decrépito, desmentido por la historia. Eso es un anacronismo hasta reaccionario.
En la segunda parte, asumiré el efecto negativo, paralizante del bono
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