LA MESA DE DIALOGO TIENE UNA SOLA PATA Y NO EN EL CENTRO(Eligio Damas)
La mesa de diálogo tiene una sola pata y no en el centro
Eligio Damas
Leí dos comunicados, uno atribuido a Jorge Rodríguez y otro a Dinorah Figuera. Ambos, en líneas generales, hablan de lo mismo, de un intento de llevar “a la conciliación”, mediante acuerdos de diferentes tipos.
La presencia de Dinorah Figuera, la justifican en su condición de expresidenta de la Asamblea Nacional del 2014. Una cuya legalidad es por demás cuestionable, dado que, de allá a aquí, han pasado 12 años y han sido elegidas 2 nuevas AN. Y para más, ella fue escogida para ese rol, cuando ya existía legalmente otra AN. Darle legalidad y valor a esa Asamblea y representación a la persona mencionada, es restarlo a las Asambleas electas posteriormente y particularmente a la actual, cuyo presidente es Jorge Rodríguez.
Si la señora Dinorah Figuera tiene vigencia como presidenta de la AN, entonces Rodríguez no la tiene y tampoco tiene valor legal ni sentido que de ellos emane la legalidad. Hay, en todo eso, una contradicción.
Por supuesto, es resabido que, tal alternativa resultó de la imposición de Trump por lo acontecido el 3 de enero, cuando “nos puso a todos” de rodilla, no por la sorpresa, sino por el desencanto incubado en Venezuela por años. Es Trump, entonces, quien nos impone la “legalidad”, como que subsisten dos AN, con sus respectivos presidentes.
Todos los venezolanos, hasta el más recalcitrante, está de acuerdo en buscar alguna manera de destrabar todo el embrollo nacional. Y es todo; no hace falta palabra alguna.
Pero para alcanzar ese destrabe, debe haber una forma donde los venezolanos se sientan representados, sin inventos “legales”, que nada de legalidad tienen y tampoco mediante figuras y personajes que no son suficientes para representar, en la mayor medida posible, a la venezolanidad.
El gobierno emergido de la impronta trumpiana del 3 de enero, aparte de la “legalidad”, no parece representar al universo que lo eligió. Hay manifestaciones de descontentos en muchos espacios y, entre los inconformes, hay algunos personajes que, sin duda, ejercen en ese universo una representación o “liderazgo. Sería interesante y hasta sano, hacer una consulta para verificar si, quienes antes apoyaron al gobierno, siguen apoyándolo, en la medida necesaria, a partir de cuando Trump se mostró conquistador y comenzó a hablar de convertirnos en Estado 51 de su país y se produjeron reformas al gusto suyo.
Pero hay algo más. ¿Ese pequeño universo escogido para “dialogar” con el gobierno, justificado en la AN del 2014, es una genuina representación del resto de los venezolanos?
Del 2014 a esta parte, han pasado 12 años y en ese tiempo, como solíamos decir los cumaneses, en referencia al río Manzanares, "mucha agua ha corrido por debajo del puente". Los integrantes mismos de esa Asamblea, están distanciados y divididos, de tal manera que, ellos no representan cabalmente ni siquiera a ese organismo. Pues ese frente opositor, se disgregó, de manera tal que la misma señora Figuera, hoy forma parte de un frente opositor diferente a aquel que integró la Asamblea que supuestamente presidió. Y digo “supuestamente presidió”, porque cuando la designaron para ese cargo, ya se había producido el referendo y otra elección del poder legislativo. Y esta elección, derivada de un proceso constituyente nada ilegal, no da fundamento para insistir hoy en la vigencia de la AN del 2014 y por supuesto de su presidencia.
Demás está decir que, estamos de acuerdo en la búsqueda de salidas para estabilizar la vida y legalidad venezolana, pero en condiciones donde imperen los derechos y deseos de los venezolanos, lo que implica negarse a la injerencia y el manejo desde la “cueva”, como se dice en “la pelota”, de parte de Trump y Marco Rubio.
Dentro del plan de esas conversaciones, hay como una sola voz y deseos. El gobierno no está en condiciones de representar cabalmente los intereses que dice o cree representar. De las declaraciones de la presidenta encargada a Time y por lo que ha venido sucediendo posteriormente al 3 de enero, se sabe que, quienes “manejan” los poderes en Venezuela, vienen siendo víctimas del chantaje. Además, Figuera y quienes le acompañan, pese haber ignorado a MCM y sus más cercanos, forman parte del mismo pequeño universo que ha sido aliado de Trump en todos estos años.
Es decir, se ha creado un cuerpo para buscar la conciliación y la búsqueda de la salida, compuesto por gente determinada para una opción. Los integrantes de ambas comisiones o cuerpos “diplomáticos”, por diferentes razones, juegan en el mismo sentido. Y cuando esto sucede y se excluye a vastos e importantes sectores, se está eludiendo las diferencias, desacuerdos y obviando la necesidad de llegar acuerdos que satisfaga a la multitud.
La gente misma del gobierno, la supongo consciente por lo que ha sucedido y ellos reconocen, debe saber no está en capacidad de ejercer la representación nacional pertinente; por lo que debería optar por una representación del movimiento popular que haga el equilibrio necesario; una pata más, amplia que no deje a la mesa escorarse.
No se trata de una mesa de cuatro patas, para buscar o dejar sentado el equilibrio, sino de una sola y en un lado, donde habrá una sola voz y liderazgo; una mesa escorada y que está como destinada a caerse.
Estamos hablando de una fórmula donde, la determinante mayoría de los venezolanos, con sus inconformidades, necesidades y hasta arraigados valores, están siendo marginados, ignorados. En esas circunstancias, dada la ausencia de muchos sectores pertinentes y con derechos, corremos el riesgo, lo que casi podríamos asegurar, que los acuerdos sufrirán del defecto de no recoger el clamor nacional. Trump no es nuestro Dios y quienes ese proceso manejan y en él participan, deben estar conscientes de lo que están haciendo y del riesgo que corren ante la opinión e intereses nacionales que están inconformes y allí y en ellos, no se sienten representados.
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