BETAMCOURT, "PROMOTOR Y COMPLICE" DE LA LUCHA GUERRILLERA DE LA DECADA DEL 60.DISPARATES, DISPARATADOS Y EL 3 DE ENERO(Eligio Damas)

Betancourt, “promotor y cómplice” de la lucha guerrillera de la década del 60. Disparates, disparatados y el 3 de enero. Eligio Damas ¿Cuántos disparates se produjeron entre el 2000 y el 3 de enero de 2026? ¿Se explica, lo que ahora acontece, solo revisando la historia nacional a partir de ese último día? ¿Hallaremos el no hacer con el narrar lo acontecido a partir de ese momento? ¿Pasado y presente están desconectados? Hay héroes que lo son por qué hacen la guerra o mejor, ponen a sus hombres a que la hagan y se llenan, como los caudillos, ¿de gloria ajena? Y hay héroes, líderes, merecedores de reconocimiento, pero no de endiosamiento, pues en ellos, es posible hallar la huella del “Caballo de Troya”. La historia toda está llena de disparates. Cuando me hablan de la “Ilíada” y la “Odisea”, por ellas recuerdo la guerra de Troya y el caballo. A los griegos que, cansados de sitiar aquella ciudad amurallada, se les ocurrió construir un enorme caballo de madera, le llenaron el vientre con un pequeño ejército y fingieron retirarse. Los troyanos al ver al enemigo en retirada, aquel enorme y bello animal de madera, dejado allí como un regalo, abrieron las puertas e introdujeron al caballo que creyeron un regalo del enemigo cansado de la guerra. Con aquel como infantil gesto, pues no se tuvo el cuidado de revisar “el obsequio”, los troyanos firmaron su sentencia. Fue como “un matarse con sus propias espuelas”. Del vientre del caballo, al amanecer, salieron los soldados que abrieron las antes inexpugnables puestas de Troya. Viene a cuento la “Guerra de Troya” y la trampa griega del caballo, al revisar la historia venezolana de los inicios de la década del 60 y constatar, cómo Betancourt, en minoría y decadencia, desde el arranque, por un plan sin respaldo popular, en consecuencia, tampoco en la mayoría de los factores políticos y legislativos, pudo voltear la tendencia, la torta o “la tortilla”, como cantaron los guerreros republicanos españoles, estimulando a sus más radicales opositores a asumir una forma de lucha equivocada y sin sustento. Es decir, repitió, a su manera, la trama griega contra Troya. En el movimiento popular venezolano, opuesto y por lo menos desconfiado ante sus planes económicos, Betancourt, metió un troyano, la violencia; uno que, al mismo tiempo, había entrado por otra puerta, también como de contrabando, pero de la mano de sus propios enemigos, la lucha guerrillera. Esta fue pues una trampa doble, dos caballos de Troya. La década del 60, estuvo llena de grandes acontecimientos; fue escena, espacio, de hechos heroicos, ecuménicos y también de grandes disparates. Ella abarcó gran parte del desarrollo final del proceso llamado “guerra fría”, inicio de la “Revolución Cubana” y hasta la culminación de la guerra de liberación del pueblo vietnamita. Estos dos últimos acontecimientos, caracterizados por el uso de la guerra, la violencia de las armas y los supuestos fines del socialismo; siendo la cubana, una en la que la guerrilla tuvo un rol determinante. En Vietnam, la guerra tuvo un carácter diferente, pues en esta el pueblo, casi en su conjunto, se movilizó y participó en su desarrollo y fin. No fue un observador desde lejos de lo que en las montañas acontecía. En esta hubo una intensa, abundante participación popular y, es seguro que, esa huella, quedó marcada en los procederes del provenir. Mientras que la cubana fue, determinantemente, la lucha de una vanguardia militar contra un ejército desmoralizado, con EEUU en actitud como de observador, en espera de lo que al fin sucediese. Sólo al final, en Cuba, en los últimos días, hubo participación colectiva. En Vietnam, el pueblo todo - hasta los niños - estuvo activo en la guerra, formó parte del ejército, se enfrentó a las fuerzas armadas de Estados Unidos, que ocupaban su espacio territorial y terminaron expulsándolas. Cuando terminó la guerra de liberación vietnamita, el pueblo casi todo estaba en armas, había participado en aquella contienda, no fue un observador lejano o uno cercano de los momentos finales. EEUU lanzó napalm en las calles pueblerinas, para quemar gente, sin discriminación, porque toda ella está inmersa en la guerra, cada ser humano era un combatiente. Como resultado de la guerra fría y el triunfo de la Revolución cubana, que tuvo su efecto ecuménico en buena parte de América Latina, tempranamente en Venezuela, comenzó a tomar cuerpo la idea de iniciar también la lucha guerrillera, incentivado todo aquello por la división de AD y las políticas económicas de Betancourt, quien al mismo tiempo acicateó, provocó, con sus actos represivos y aquello brutal de “disparen primero y averigüen después”. Es decir, la opción en favor de la lucha armada o guerrillera venezolana, de los inicios de la década del 60 del siglo pasado, contó, no sólo con la decisión de factores del PCV y el MIR y otros grupos menores, sino también con la incentivación del gobierno de Betancourt, quien sabiéndose sin apoyo popular para sus planes económicos, acordados con factores del capital de EEUU, lo que está demostrado en las nutridas y constantes manifestaciones populares, particularmente contra la llamada Ley del hambre, encontró en la brutal represión, la forma de hacer que la vanguardia tomase el camino por él deseado. Uno que la apartó de un enorme universo que desconfiaba de Betancourt y sus políticas, dentro de AD, URD, los movimientos sindical, estudiantil y uno mayor compuesto por la gente común, afectada de manera brutal. Y lo que es más triste, pero al mismo tiempo fundamento para un significativo aprendizaje, al exacerbar aquellas diferencias o mejor darle a unas contradicciones o diferencias de segundo orden, las existentes entre el PCV, MIR de un lado y del otro URD y hasta gente de AD, Copei y una multitud de independientes, carácter de primordial por lo feo y destructivo de la guerra, Betancourt logró ganarse el apoyo del ejército todo, el mismo de donde emergieron los movimientos de Carúpano y Puerto Cabello, eventos que sirvieron para destruir la fuerza a favor del cambio y contra los planes de Betancourt, que se había engendrado en las Fuerzas Armadas. Pero, además, por lo que llamamos antes la exacerbación de una forma de lucha impertinente, sus promotores hicieron de la contradicción fundamental, lo inherente a lo inmediato, la lucha contra la “Ley del hambre”, el plan de Betancourt, un asunto sin importancia para el resto de los factores políticos que vieron en el desborde de la violencia gubernamental y de parte de la oposición, como lo fundamental, el mayor de los peligros. Betancourt logró ganarse, por puro pragmatismo, el temor a la guerra, el apoyo necesario en el frente legal, empezando por el cuerpo legislativo, donde a los representantes del PCV y el MIR, que formaban una fuerza significativa, tanto que hasta formaban parte la llamada “Comisión Delegada”, un cuerpo que asumía el rol del congreso de la república, cuando este entraba en receso vacacional, se les allanó la “inmunidad parlamentaria” y el derecho a seguir formando parte del cuerpo legislativo. Es decir, en ese frente, donde se tenía de hecho, cuantitativamente hablando una fuerte representación y las posibilidades de llegar a acuerdos con otras fuerzas, lo que es de fácil recordación y demostración, para detener los planes del gobierno o de Betancourt, se sufrió una derrota descomunal a la que nunca, los promotores de la lucha armada, dieron ni han dado, valor alguno. Aunque es pertinente y hasta obligatorio recordar que, desde los primeros días del inicio del llamado período democrático venezolano de comienzos del 60, cuando Betancourt asumió la presidencia, militantes del PCV, desconozco si con autorización del partido o por iniciativa particular, asumieron la lucha armada; este fue el caso de Douglas Bravo en la sierra falconiana. Pero antes, hubo un intento de impulsar la lucha guerrillera, por intermedio de un movimiento clandestino, al que se le llamó FUL o Frente Unido de Liberación. Por lo menos supe de militantes de izquierda que se entrenaban para esos fines en espacios cercanos a las montañas del Estado Miranda. Betancourt, sabiendo todo eso, de cómo dentro de la izquierda por puro ecumenismo y hasta gestiones de la URSS y Cuba, tomaba cuerpo la idea de la opción guerrillera, aprovechó las protestas populares contra su programa económico, incentivando la represión a niveles nunca antes vistos, como la conocida orden de mandar a disparar a los manifestantes, con el doble propósito de amedrentar a la población y hacer que la vanguardia optase por la lucha armada, donde no sólo tenía sobrepasada ventaja en hombres y armamentos, sino que se ganaba el derecho, la legalidad para combatir a sus opositores, en el terreno que más le convenía. Bien sabía que, dentro de sectores del PCV, MIR y hasta URD, la absurda idea de la lucha guerrillera, tomaba cuerpo, por el efecto ecuménico de lo que había sucedido en Cuba. Pese la existencia del llamado gobierno llamado “puntofijista”, del cual formaban parte AD, Copei y URD, era evidente que, desde el inicio, en esos partidos, todos, abundaban factores contrarios a las políticas diseñadas por Betancourt y sus más cercanos aliados. Hasta Jóvito Villalba, el máximo líder de URD, partido con un importante apoyo popular y donde también ejercían funciones de liderazgo, además de Fabricio Ojeda, Luis Miquilena, José Vicente Rangel y los miembros de la entonces llamada izquierda de ese partido, liderada no por el antes nombrado, pues formaba parte, con Luis Miquilena del entorno de Villalba, sino por José “Cheíto” Herrera Oropeza, escritor y parlamentario larense y Víctor José Ochoa, dirigente juvenil y universitario, era susceptible de ser ganado para formar un frente contra las políticas de Betancourt. Y dentro de Copei algo de eso existía también. Pero es fundamental no olvidar que, dentro de AD misma, aún existían las fuerzas bajo el liderazgo del maestro Prieto, descontentas con el plan Betancourt, que incluían factores del movimiento sindical. Libre de virus.www.avg.com

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