DEL 5 DE JULIO DE 1811 AL 3 DE ENERO DE 2026, (Eligio Damas)
Sun, Jul 5 at 2:04 PM
Del 5 de julio de 1811 al 3 de enero de 2026, de la “independencia” a la sujeción
Eligio Damas
Para mí, al abordar el tema de la independencia política y la soberanía, como aquello derivado de lo decidido el 5 de julio de 1811, cuando el primer congreso de Venezuela se declaró independiente de España, pero sujeta a Fernando VII, me lleva siempre al “Manifiesto de Cartagena”, de diciembre de 1812. Un documento redactado por un hombre bastante joven, de apenas 29 años, destinado a interpretar lo acontecido a partir del 25 de julio de 1812, tras la firma de la Capitulación de San Mateo por parte del Generalísimo Francisco de Miranda ante el jefe realista Domingo de Monteverde.
En ese documento, el futuro “Libertador”, hace un balance y encuentra unas 12 causas de aquello, entre las cuales hace alusión al terremoto de Caracas de 1812, la descentralización o, como él calificó, la división del poder territorial en un sistema confederado, la devaluación de la moneda por la “emisión de dinero inorgánico” y nueve más.
Me siento tentado, por muchos motivos, aludir en particular lo del régimen Federal, porque soy partidario de la descentralización, dado que valoro, como causa importante de nuestro desequilibrado crecimiento, pese la real distribución de la riqueza, mineral y agraria, a la concentración excesiva del poder, sin atender a aquella realidad y al necesario equilibrio. Caracas y el centro del país, siguieron siendo del interés primordial en la inversión de esos recursos, más cuando, por eso mismo, todo el poder político se concentró en Caracas a través del poder Ejecutivo. Lo que terminó siendo una ventaja para el capital externo que, se sintió atraído, para aposentarse donde la población se había concentrado, por la inversión estatal, por poder hallar allí mano de obra barata y mercado consumista, condiciones determinadas por la concentración misma. El capital externo invirtió, en la cantidad estrictamente indispensable, en las zonas donde brotó el petróleo, en sus campos, por la imperiosa necesidad de extraer el hidrocarburo; y el Estado de lo obtenido por aquello, en el centro, alrededor de Caracas; por lo que las nuevas “Águilas chulas”, de las que habló Herrera Luque, obtuvieron del Estado, de lo proveniente del petróleo, abundantes créditos “blandos”, a muy bajo interés, para invertir en aquel seleccionado espacio.
Pero Bolívar, incurrió en una grave omisión en su análisis en el documento arriba citado. No hizo alusión a la esclavitud, pese los antecedentes de los movimientos, como el de Juan Francisco de León en Coro, del año 1749 y el de Gual y España, de 1797, en los cuales, la independencia y la abolición de la esclavitud, fueron las banderas agitadas. Quizás obedeció a su concepción de clase de entonces o, de manera calculada, para ganarse el apoyo del mantuanismo y por subestimar la fuerza de la masa esclavizada que, en gran medida, venía luchando por su libertad.
Estuvo, El Libertador, quizás acertado al señalar al federalismo como causa del regreso al control español, pero desconoció que aquello, en ese momento, era inevitable. España nos mantuvo por casi un siglo, desde el nacimiento de la Capitanía General de Venezuela, en una relación, donde las provincias se ignoraban unas a otras y los ciudadanos de ellas, entré sí, como extraños; no había un país; sólo colonias que no se sentían hermanas. Tanto que, cada provincia, a partir de la invasión napoleónica, se declaró independiente del poder español, por su propia iniciativa. Nacieron al inicio, como repúblicas independientes unas de otras, respondiendo a la relación de los tiempos coloniales. Fue aquello un resultado inevitable. Por supuesto, ese acontecer pertinente, correspondiente a las anteriores relaciones, terminó favoreciendo al poder español. Tanto que, los primeros años de guerra pro independencia, se mantuvo el distanciamiento entre los ciudadanos de las diferentes provincias, una de las causas de la extensión de la guerra. De modo que, las discrepancias, distanciamientos y desconfianza, por ejemplo, entre los caraqueños y sus más cercanos, liderados por Bolívar y los orientales, líderes de aquella gloriosa hazaña, llamada por los historiadores caraqueños, como en una manera descalificadora, tal como sostuvo el historiador carupanero Bernardo Tavera Acosta, simplemente “Invasión de Chacachacare de 1813”, que condujo a los orientales a controlar el territorio casi hasta lo que hoy es el Estado Guárico, se mantuvieron casi inalteradas. Y allí estuvieron firmes los orientales, mientras Caracas era una plaza que cambiaba de manos con frecuencia, hasta que la controló el poder español, entre otras cosas por la emergencia de Boves con su enorme fuerza. Tanto que, caraqueños, se vieron obligados a buscar refugio, cuando aquello de la “Emigración a oriente”. Acontecimiento que llevó a Boves a invadir y tomar transitoriamente el espacio oriental.
Bolívar en su documento de 1812, su accionar y prédica constante, ignoró en los primeros tiempos, la razón de la existencia de esa inevitable conciencia provinciana, como también que, la constitución de 1811, en la cual él tuvo alguna responsabilidad, hizo lo mismo con la esclavitud, los derechos ciudadanos a votar en la naciente república, no sólo a los esclavos sino a los ciudadanos pobres. Como también ignoró Bolívar, que aquella constitución republicana, otorgó a los mantuanos la propiedad de tierras antes realengas, del Estado o de nadie y de cuanta forma de vida animal transitase por ellas. Es decir, Bolívar desconoció o pasó desapercibido, en el Manifiesto de Cartagena, causas verdaderas de la caída de la primera república y la emergencia del liderazgo “popular”, antirrepublicano de José Tomás Boves, determinado por las causas antes expuestas.
Es cierto, sin duda que, las sanciones impuestas por EEUU, redujeron a un nivel paupérrimo el ingreso nacional, dañaron seriamente la economía y todo eso tradujo en malestares como el que representa el salario del venezolano. Ninguna sociedad podría pensar en desarrollarse con salarios que no estimulan el crecimiento personal y de clase, como tampoco el consumo. ¿Para qué estudiar, alcanzar los más altos niveles en la academia, en el conocimiento, destrezas para el trabajo, si al final terminarás ganando una miseria igual que los demás, lo que significa el congelamiento salarial y el pago de un bono de guerra? ¿Cómo puede crecer una economía donde no hay consumidores? ¿Acaso no fue ese el motivo esencial por el cual el nacimiento capitalista condujo a la abolición de la esclavitud? ¿Qué entusiasmo despierta un proceso donde servicios básicos, humanos, la salud, se deterioran a límites extremos?
Esas circunstancias condujeron al crecimiento de las fuerzas opuestas a la propuesta de cambio de inicios del siglo XXI y la debilitación sustancial de quienes la promovían. No sé, tampoco me atrevo a hacer ninguna afirmación, si la muerte de Chávez causó un cambio de rumbo en el proceso. Pero si creo, seguro estoy, que el diagnóstico inicial, autoría del fallecido presidente, está estrechamente asociado al acontecer posterior.
Todo esto conlleva a revisar las estrategias. El discurso que implicó definir a Venezuela en camino hacia el socialismo, lo que era sino sólo eso, un discurso ajeno a la realidad, más el contenido del mismo, como declarándose, sin motivo, enemigo irreconciliable de quienes lamentablemente dependíamos y dependemos, nos atrajo las sanciones y, lo que es más lamentable, nos condujo a lo acontecido el 3 de enero y a la posteridad. Fue como maquinar una maniobra audaz, sin tener una salida valedera. Lo que, por azar, encontró en la naturaleza, con el doble sismo del 24 de junio, mayor fortaleza para los injerencistas.
La buena fe, los mejores deseos, no son suficientes. Tampoco lo es mirar al mundo de manera diferente a como transcurre, menos como uno desea. La conflictividad de hoy, la lucha contra la multipolaridad, implica el reclamo de un nuevo reparto del mercado mundial entre EEUU, sus aliados y las potencias emergentes a partir de finales del siglo pasado. No se trata, como en la práctica algunos quieren ver, de una lucha entre un “nuevo socialismo”, representado en China y las viejas potencias del capital. Creencia que lleva a la equivocada idea que, en esa pelea, “entre tigres”, las ovejas tienen cabida. Llegado aquí, es bueno que revisemos los problemas que se derivan de nuestra deuda con China.
La pérdida de la primera república, de 1810, la extremada prolongación de la guerra, la emergencia del fenómeno Boves, que influyó significativamente en lo anterior, fue el resultado de un muy mal diagnóstico de los independentistas, entre ellos Bolívar, determinado por el poder del mantuanismo y su cultura.
El arribo al 3 de enero del año que transcurre, no se explica en simplismos, como lo de la incubación de traidores, que nunca faltan en ningún proceso, sino en el diagnóstico del acontecer, diseño del por hacer. Tampoco en la corrupción, pues ese es un fenómeno recurrente en todo modelo, lo que no niega hace daño material y moral. El deterioro de nuestra economía rentista, inalterable hasta ahora, es más, sin ningún intento significativo por cambiarla, fue el resultado de un mal diagnóstico de la coyuntura mundial. Así como Bolívar se equivocó en el Manifiesto de Cartagena, lo que es propio de humanos, en Venezuela muchos nos hemos equivocado al abordar nuestra realidad. Y esta se impone y nos descubre dónde en verdad estamos y cómo estamos.
Comentarios
Publicar un comentario