'SILENCIO EN LA NOCHE, TODO ESTA EN CALMA". PERO HAY QUE GRITAR PORQUE ESO DUELE(Eligio DAMAS)

Sat, Jun 6 at 2:00 PM “Silencio en la noche, todo está en calma”. Pero hay que gritar porque eso duele Eligio Damas Así, cantó Gardel. En buena medida, eso describe a Venezuela, salvo lo de “la ambición descansa”. Uno podría decir, sin mucho margen de error, que ella no descansa, porque no se cansa. Hasta los anunciados aumentos “responsables”, que duro sonaron, de inmediato, se les dañó la caja de resonancia y fueron lanzados, si no al olvido si al archivo. Si no sé hace ruido, allá se quedan dormitando. Eso sí, podemos volver a Gardel, pese las circunstancias sean diferentes y, decir, en Venezuela hay un silencio absoluto, pero no calma. Estamos todavía sorprendidos, porque nos agarró de golpe y embebidos en una lectura impertinente. Yo imagino a todos mirándose mutuamente a la cara, buscando en el otro respuestas. Y las hay, sólo que cuesta admitirlas por lo expandido y los fundamentos de las culpas. Sería renunciar a una ancestral falsa cultura y práctica. Aquí, como en otras partes del mundo, se intentó aplicar una bella cartilla, ajena al transcurrir de la vida, las leyes, normas o corrientes, cualquier palabra me parece pertinente. Quienes se mantuvieron en la creencia de la eficacia de la cartilla, parecieran de repente, percatarse que, ella, culpable de tantos fracasos, no sirve. Pero ha sido una diosa, acompañada de unos rezos eternos de tan largo tiempo que, hace difícil renunciar a ella. Al mismo tiempo como una fórmula o poción mágica para curar todos los males, puesta al descubierto como ineficaz. ¿Dónde encontrar otra? Para ellos, los inventores y su escuela, Marx, no fue un filósofo, científico social, sino un mago, un Houdini y hasta un dios a quien le inventaron procederes, pociones mágicas y lineamientos inexistentes. Y quienes eso inventaron, crearon una religión, donde además de rezos, valederos y obligatorios para todos, marcaron el rumbo y ritmo para llegar al cielo, no importa el espacio ni tiempo. La dialéctica, de hecho, sinuosa, como es la marcha de la vida, la hicieron rígida, rectilínea y golpeante. Todo, desde el principio, transcurrió conforme a las viejas normas, pero el discurso dijo otra cosa; se llenó de amenazas y desafíos. Nos convertimos en “amenaza” y como tal nos trataron. Tuvimos que pagar una costosa afrenta por un discurso malcriado. Esa experiencia, por la cartilla, nos planteó una meta inmediata, inalcanzable e impropia. Usamos la cartilla que ya, en otros sitios había conducido al fracaso; con los mismos pecados y golpes en la cara. Y nos llenamos de narrativas falsas, relativas a un acontecer de cartilla, mientras lo real, se mostraba diferente. Ha habido, desde años atrás, un discurso poderoso, muy difundido, fundamentado en la realidad, vendedor de la idea, según la cual, fracasos como el habido en Venezuela, son resultantes de haberse apoyado en determinadas estrategias, leyes del movimiento social o eso que la gente llama comúnmente ideología. Tanto que, esa “ideología”, según asumida por el gobierno de Venezuela, el de Cuba, la misma de la URSS, es culpable de lo acontecido, la derrota, el fracaso y la ruindad. La otra ideología, contraria, que domina el mundo todo lleno de miseria, guerras y competencia por el dominio, es la ideal y hay que dejarla a su libre albedrío. Muy pocos, días atrás, unos amigos me visitaron, dado mi estado de salud y, en el curso de la conversación, hallé un estado de incertidumbre, un deseo de no asumir los hechos, sino como que todo resultó inexorablemente, de la actitud de la gran potencia del norte de evitar “nuestro ensayo”. Es como si todo venía de maravillas, bien diseñado y planificado, sólo que el enorme poder del enemigo, puso una muralla y hasta desbarató lo “construido, creado”. Ellos mismos no se percatan que la reacción de EEUU, no es por haber visto aquí un proceso interno de cambio social en los últimos 20 años, porque nunca lo ha habido, sino por la necesidad que ese país tiene de “controlar”, no sólo como controla a todo el continente, sino en particular por lo que somos y en las entrañas tenemos. A Cuba, pese el alboroto de reciente data, donde se aplicó la cartilla, EEUU se limita a bloquear para que sea una imagen “ideológica”, una viva expresión del fracaso. Por los momentos, no hay allí nada que sea de su interés, salvo su rol de vitrina. La cartilla estaba y sigue estando, bien articulada, se corresponde, si no con la realidad, con los sueños de los querubines y los diablos. Las órdenes emanadas de ella, estaban en lo cierto, pues es lo que dicta el santo sacramento, dado todo está dicho y ella, la cartilla, lo recoge. Ella atrapa el movimiento, tiene las vanguardias que genera, cuida, amamanta y suministra las respuestas a todo. El cambio de sociedad de lo malo a lo bueno, de lo impuro a lo puro y perfecto, emergerá de sólo aplicar la cartilla, mediante órdenes enérgicas e indiscutibles dictadas por los heroicos dioses de la épica moderna. Y entonces, los fracasados para nada existen, fueron dioses, adalides eficaces, sólo que el adversario, el diablo y sus agentes haciendo trampas les derrotaron. Por eso, sus derrotas y sentencias fracasadas, se incorporan a la cartilla como leyes, normas a seguir y ellos entran al panteón de los dioses, pese la cartilla reniegue del principio de la iglesia y hasta el más allá. Sus fracasos son gestos heroicos, dignos de ser reconocidos como tales para volver a repetirlos. ¿Qué es del masoquismo? Entonces, el interés no es lograr que la gente alcance los mejores estándares de vida, sino que se imponga la cartilla y los rezos. No importa el sufrimiento y las derrotas. La felicidad está en mantener esa conducta. Somos una iglesia o mejor, una secta, donde sólo tienen acogida los sufridos y derrotados, masoquistas, más si ellos conservan su fidelidad a “los principios”. La miseria es el caldo de cultivo de la cartilla y mantenerla viva y hasta avivarla, es un gesto de cambio y revolucionario, propio de la santidad; no importa que la multitud pierda energía y hasta la sonrisa, si los dioses se mantienen vivos y enérgicos. Los amigos, pese tanto hablaron, como yo mismo, nada dijimos. Hay temor, desconfianza como, para estando reunidos, recoger esos viejos papeles y memoriales, que ni en la misma realidad de su tiempo sirvieron para nada, salvo generar poderes supremos, heredados de las viejas culturas, donde por primera vez se intentó aplicarlas, y con ellos hacer una fogata. Rusos y chinos, fueron los primeros en “hacer uso”, según ellos, del pensamiento marxista para intentar cambiar la sociedad. Se le asumió, no como lo que es, un método para interpretar el movimiento que tampoco es igual en tiempo y espacio, sino como una manera de captar el cambio, algo que podría y debería darse, pero no por la voluntad de nadie; es decir, sería un fruto emergido de un árbol cuando este hubiese cumplido con su propio desarrollo para generar a aquel. Cuando una multitud se mueve y cada individuo asume otro espacio y hasta ejerce otro rol. Lo mismo que da origen a la reproducción humana. Rusos y chinos, los primeros experimentadores, emergieron de sociedades milenarias, sujetas al dominio individual, de emperadores, reyes y mandarines, donde la multitud no tenía otro rol sino el del sometimiento y la casi esclavitud. Y todos estaban formados para eso. Esas revoluciones, pese la idea del cambio del orden material, que tampoco de inmediato obedece a las órdenes de nadie, ni de Dios mismo, sino demanda cambio en la actitud humana, no de sus pocos, la vanguardia, sino de todos y sus maneras de relacionarse, recalaron en un discreto cambio en la forma de distribuir el poder. Ahora no serían los reyes, emperadores, mandarines, a quienes se les despojó de sus propiedades, sino se hizo del partido, una pequeña vanguardia de audaces, ajenos a aquella clase dominante, la nueva con el poder de decidir y a la multitud, a jugar un rol impuesto por esta, seguir domados como antes; es decir no hubo cambio de cachimbo. Y se le llamó “el partido de la revolución”. La multitud no tendría nada que hacer y menos aprender sino prestar sus respaldo y esperar que del cielo bajase todo lo deseado. Pero eso último, generó un compromiso; me pediste mi apoyo multitudinario a cambio de beneficios que tu generarías, cambiando lo existente como dios que eres, pero llegado un momento dejaste de cumplir tu promesa y te excusas en el diablo, que te pone trabas. Olvidas tu oferta, la hiciste, desestimando el poder y la capacidad de trabas del diablo, y de sus fuerzas para impedir llegar hasta donde ofreciste; creíste innecesario mi participación y más mi derecho a dar órdenes, orientar, sugerir procederes y hasta reclamar, como que debía hacerse, lo que estaba en mi capacidad y disposición de todos a aceptar. De las leyes de la dialéctica tomaron unas generales notas y elaboraron una hoja de ruta para el universo todo y, aquel engendro, se lo atribuyen a Marx y la dialéctica. El hombre entonces, no tiene por qué luchar en lo inmediato, como comer, salud, buenos salarios y hasta diversión, sino cambiar la sociedad a fuerza de cartilla, martillazos y seguir fielmente las órdenes. Quien a eso no le dé prioridad o simplemente lo ponga en duda, es un agente del demonio o de esos que llaman “el imperialismo”, el cual tampoco es como lo dice su lógica, sino uno en función de lo geográfico. Por lo anterior, pese el mundo capitalista todo goza de salud, sólo alterada por la competencia entre ellos, lo que en realidad es su enfermedad, nada mortal, sino como esas enfermedades tropicales o epidemias que entran, joden y se van, que llaman crisis cíclicas, los cartilleros que intentaron cambiarlo están enterrados en el fondo de la tierra, como que chinos y rusos se dieron cuenta que aquel no era el camino, o era un falso intento evitar cumplir “las leyes reales”, lo pertinente era esperar que las fuerzas productivas alcanzasen su máximo crecimiento, donde la lucha es en función de esto y entonces el poder, fuera o dentro del Estado, se ejerce para impulsarlo. Intentar que las frutas maduren, las personas, nazcan, pero también eso logren mientras crecen con el tiempo, es lo más sabio. Intentar, por la fuerza de los dioses, unos de más reciente invención, cambiar el modelo social, sólo genera caos y hasta miseria. Pues la realidad le hará la guerra. De donde el capitalismo, pese al enorme peso que de eso carga, la miseria que genera, la prepotencia, visto todo como algo natural por la multitud que le defiende, usa esos fracasados ensayos que contaminan a casi todos, menos a los pocos dioses, de lo malo de aquel mismo, como vitrina, más teniendo un enorme poder publicitario. Poner el socialismo como objetivo inmediato es inadecuado, habiendo tantas metas por alcanzar y alcanzables, para lo que apoyo y partidarios sobran. ¿No vale la pena interrogarse por qué China abandonó la ruta de Mao, que no es socialismo “al estilo chino”, sino un modelo que funciona con apego a los normas del modelo capitalista, solo que el Estado, como lo ha sido en Venezuela desde que hizo erupción el petróleo, se conservó una enorme participación en el manejo del capital? ¿Qué pasó en todo el mundo soviético? ¿Por qué los vietnamitas, después de aquella dura guerra contra EEUU, tomaron también como los chinos una ruta diferente? ¿Eso no da ideas para nada? EEUU es nuestro vecino, controla los caminos que van y vienen. Está como en la parte de arriba, desde donde baja el agua y, en su espacio, tiene poderosas, herméticas llaves que cierran el paso del líquido. Por supervivencia, tiene necesidad de lo que nosotros tenemos; como decía Walter Martínez, un petrolero de ellos, solo necesita cuatro días en ir y venir y es un mercado de muy alto consumo. El capitalismo todo tiene sus leyes, no hay en el modelo uno diferente, como que invertir donde correría demasiados riesgos no es el mejor de los remedios. El perder o dejar de ganar no es su regla y su capacidad y deseo de protección a los inválidos tiene un límite estrecho. El tener que admitir todo esto, se entiende como un declinar o entrega y hasta confesarse derrotado. Por eso, hay tanto silencio. Pero lo pertinente es reorganizar las ideas, asumir la realidad; como que no hay cartilla, si funcionamiento dialéctico y capacidad dialéctica para entender el mundo; Marx no ha sido negado y menos derrotado; lo han sido los redactores de cartillas, falsas leyes del cambio y movimiento, los creyentes en dioses y quienes dioses se creyeron. Hay que recomponer falsas lecturas, hacer oído sordo a los viejos predicados, crecer y ordenar equilibradamente cada paso. Hacer esto, como dijo Allende “abriría nuevas y amplias alamedas” donde enormes y amplias fuerzas pueden encontrarse, pues muchas barreras habrían sido desmontadas. Hay que derrotar ese silencio. Volver a gritar por el dolor de todos, los males reales e inmediatos que abundan y son del interés colectivo. Buscar, acercarse a quién padece lo mismo que padezco, insertarse en la realidad, sin dioses ni cartillas. Hay que, a ella, la realidad, leer a cada instante, pues es cambiante y, además poner vigilantes y líderes que obedezcan a la realidad y los reclamos de la gente. Basta de tanta división en cuadrillas que miran distante y enemigos donde sólo hay compañeros. Hagamos un pequeño plan de lo tanto por lo que hay para luchar por el interés de todos. Un plan que una. Debemos desplazar el silencio, nada está en calma. Desestimar la unión de quienes están en lo mismo, no es pertinente. No se trata de tu grupo ni el mío, sino el interés común, el de todos y el cambio. Una cosa es la clase, cuyos vínculos no son nada convencionales, y otra es el grupo. Rompamos el silencio; la calma duele y hay mucho dolor, basta pensar en el salario. En Venezuela, quienes han estado en el poder, han insistido en que su meta inmediata es el socialismo, sólo que no la pueden alcanzar, porque los opuestos usan artimañas, eso que llaman sanciones. Los distanciados, vuelto opositores, les acusan de no hacer lo pertinente para llegar al cielo; no es que hay que plantearse metas más modestas, dentro de lo existente, sino que no aplican como debe ser la cartilla, donde se marca rumbo y movimiento. Por eso “estamos donde estamos”; como digo en una de mis novelas, “El cielo siempre está lejos” y para llegar a él, como canta una vieja canción, “se necesitan dos escaleras, una grande y otra chiquita”.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

?COMO ENTENDER EL FENOMENO BOVES SI NO ESTUDIAMOS CRITICAMENTE EL 5 DE JULIO Y LA CONSTITUCION DE 1811?(Eligio Damas)

EL REGRESO DE CHEVRON HA ALBOROTADO UN AVISPERO, PERO POCAS AVISPAS LLEGARAN "AL FINAL"

POR EL MAL MANEJO DE LAS CONTRADICCIONES, BETANCOURT NOS DERROTO Y, DE REMATE ,LUEGO NOS FUIMOS A LA GUERRILLA(Eligio Damas)