"CHUCANDO PERROS" , EL MINISTRO DE EDUCACION, INTENTANDO ALCANZAR"CALIDAD EDUCATIVA", POCO AYUDA. (Eligio Damas)
“Chucando perros”, el ministro de educación, intentando alcanzar “calidad educativa”, poco ayuda.
Eligio Damas
En la Cumaná de mis tiempos de “carajito brinca pozo”, “chucar perros”, significaba excitar, a dos de esos animales, para que se enfrascasen en combate. No era una práctica muy frecuente, pero a veces, dadas las condiciones, eso se hacía a manera de diversión. En esos tiempos las peleas de gallos eran un espectáculo público y como digno, tal como también lo eran y, aún lo siguen siendo, las corridas y el coleo de toros. “Chucar”, entonces significa hacer lo necesario para poner a perros o muchachos a pelear, con fines distintos, como mal distraerse o distraer a quienes pelean y se acerquen a observar.
Anoche, lunes 30, a la 8.30, como es habitual, me senté en la cama, ya me disponía a acostarme, dado el cansancio que me genera, haber pasado el día leyendo y escribiendo, desde que me levanto, le hice la acostumbrada última revisión al teléfono y hallé unas declaraciones del ministro de educación, divulgadas por “Prensa M.E.”. Tome en cuenta el lector que, mencionamos el medio informativo oficial del Ministerio. Entonces, hablamos de una declaración oficial y no manejada por un periodista ajeno.
La lectura del texto oficial me llevó a la conclusión que, el ministro piensa alcanzar, lo que antes ha llamado la “excelencia” y ahora en estas declaraciones o mensaje, “calidad” educativa, enfrentando a los alumnos con los docentes.
Para entender del porqué de esa conclusión mía, revisemos lo que dijo el ministro y divulgó “Prensa M.E.”, en un mensaje lanzado en persona a los miembros de OBE u Organización Bolivariana de Estudiantes, que no sé si se trata del movimiento estudiantil correspondiente al PSUV o es un organismo del Ministerio.
1.- Dijo el ministro, “para alcanzar la calidad educativa – ahora no usó la palabra excelencia, fue como más discreto – “que no se quede un muchacho fuera del sistema escolar” y agregó, hay que “buscarlo, casa por casa, si es necesario”.
2.- “Exijan a sus instituciones escolares respeto por el calendario y horario, para que se puedan cumplir completamente todos los objetivos del programa académico”.
En este punto, quiero detenerme brevemente, para llamar la atención al lector, como el ministro, tiene acerca de los “objetivos”, generales y específicos, lo que ignoro si sabe a qué se refiere, un concepto cuantitativo o temporal, lo sujeta sólo al tiempo; tanto que, para él, eso, lograr todos los objetivos, está sujeto sólo al cumplimiento del calendario escolar. Aparte que, habla de programa académico y no escolar.
3.- Llama a los estudiantes a “involucrarse en el debate para cubrir el déficit de profesores especialistas”.
A lo largo de mi carrera docente, bastante extensa, observé que, salvo casos muy específicos, los gobernantes fueron cuidadosos al escoger los ministros de educación. Por lo general siempre apelaron a docentes de larga y meritoria carrera, incluso dentro de la educación primaria, media y universitaria. Poniendo interés que la tuvieran más en los dos primeros escalones, donde en verdad se aprende el trabajo docente del área inherente a ese ministerio. De estos fue Luis Beltrán Prieto Figueroa. Hasta Betancourt tuvo de ministro de educación a un intelectual de la valía de Rafael Pizani.
La única excepción que recuerdo, fue la de Gustavo Rossen, un abogado y fundamentalmente empresario, nombrado
ministro de ese despacho por CAP, en su primer gobierno, para que actuase como lo que era, gerenciando para deteriorar la
escuela pública y provocar una diáspora hacia la privada. De este tema, antes bastante he hablado.
Factores políticos y económicos dado el crecimiento de la matrícula escolar pública y la inversión que eso demandaba, en lo que las luchas de los trabajadores del sistema educativo, docentes, administrativos y obreros, jugaron un rol primordial, prendieron las alarmas y empezaron a maniobrar para provocar una fuerte fuga de la matrícula pública a la privada, que era muy baja. Hasta los maestros terminaron mandando a sus hijos a escuela privada, dado que, en la suya, hasta aquella donde ellos trabajaban, más era el tiempo que estaban parados o en huelga. Un hecho derivado de las maniobras ministeriales para generar descontento entre los docentes y una dirigencia sindical, compuesta por tendencias, que se dejaron enredar en aquella artimaña, creyendo que hacían algo en favor del sistema educativo privado y popular.
Ya antes he contado como, en el norte de Anzoátegui, se llegó al extremo de parar la escuela, porque a las 10 a.m. del día del pago de la quincena, esta no había llegado. Eran aquellos momentos cuando el Ministerio nos pagaba mediante un cheque. El patrón optó, por la persistente práctica de retardar el pago, de manera premeditada, para provocar esos paros. Por enfrentar aquel proceder, a través de la prensa local y en asambleas, fui objeto de rechazo de ambos bandos. Esa práctica, solo ella, se traducía en unos cuatro días seguros de paro al mes. Y los creadores y promotores de esto, llegaron a ser figuras muy tomadas en cuenta, tanto que más tarde muchos de ellos, ganaron reconocimientos del Estado, narrando todo al revés. Tengo nombres, hasta ministros hubo, pero me los reservo.
Siendo director de la Escuela Básica República de Chile, de Barcelona, después de haber estado más de 25 años en el aula, en la que aún seguía, entré al salón de una joven maestra quien tenía dos hijos. Me acerque lo más que pude para conversar privadamente y le pregunté, sobre algo que sabía:
¿Por qué, siendo esta una buena escuela, evaluada desde las diferentes perspectivas y donde trabajas, lo que te facilita el transporte, vigilancia y aminora costos, a ti y tu esposo, también colega de nosotros, tienes tus hijos en la escuela privada?
Ella que, aparte de mi colega, subalterna, era una buena amiga, me miró sonriente, hasta con picardía y me respondió:
“Yo sé bien que conoces la respuesta”.
La miré también sonreído, tanto que parecíamos en ese momento sólo dos amigos que compartían confidencias, hasta que sonriente también le confesé:
“Sí, creo saberlo. Bastante lo he denunciado, pero me gustaría oírlo de ti para fundamentar mis creencias”.
Volvió a mirarme sonriente y dijo, “bueno si eso te ayuda te diré, porque lo hago y lo hacen los demás colegas”.
Bajó la mirada como quien se siente culpable de algo y me dijo: “Lo hacemos porque aquí más es el tiempo que estamos parados, que dando clases y los muchachos aprendiendo”.
Era aquella una estrategia estatal para contener el crecimiento de la matrícula escolar, como lo denuncié en varios artículos. La clase dominante, deseosa que la parte mayor del ingreso nacional se destinase a darle créditos “blandos” y hasta para no ser pagados nunca, había impuesto la política de aminorar los gastos del Estado.
Incluso, hubo personajes con injerencia en lo educativo, forjadores y portavoces de la idea que, el Estado, diese créditos a educadores, para que fundasen colegios privados. Según ellos, aquello era un beneficio para el Estado, pues aminoraba sus "gastos".
Para ellos, lo inherente a educación y salud, no es inversión sino gasto. Entonces, había que maniobrar para que la matrícula se fuese al sector privado. Una burda maniobra en la que, los sindicalistas, empezando por los de cierta izquierda de entonces, cayeron por inocentes y burdos. Y quienes, sobre eso advertimos y denunciamos, se les declaró enemigos del movimiento popular y del gremio. Hubo cómplices de eso, antes los he nombrado, que tuvieron el descaro de venderle a Chávez el cuento que, el cambio en el flujo de la matrícula, se debió a la solicitud de la contribución con la Comunidad Educativa, una insignificancia inherente a todo el año, frente al sólo pago de la mensualidad en el sector privado.
Hoy hay, al parecer, no manejo cifras, una alta deserción escolar. Lo supongo por esa expresión desesperada del ministro, en su mensaje a los miembros de la OBE, hay “buscarlos casa por casa”, refiriéndose a los muchachos sin escuela y la paupérrima vida de los trabajadores venezolanos.
CAP, para cumplir aquella meta de forzar, hasta donde fuese posible, a cambiar las cifras de escolaridad o matrícula, buscó un “gerente” apropiado, no a un educador, buscó a Rossen, un empresario. Pues, hay muestras sobrantes, en la historia moderna de Venezuela, como aquellos ministros, ponían verdadero empeño en lograr, de verdad, la “excelencia”, atendiendo los problemas puntuales, con debida pertinencia y no en función de intereses ajenos a su rol profesional.
Entonces, en aquellos tiempos, pese a nuestro rol de militantes opositores, nada nos cuesta reconocer que los gobiernos eran cuidadosos al escoger sus ministros. No lo hacían pensando en poner un cancerbero que cuidase al gobierno per se, sino alguien que lo hiciese cumpliendo el mejor desempeño posible. Lo distinto, representado en Rossen, ya lo hemos comentado.
El gobierno del PSUV, ha sido, en exceso, poco cuidadoso en el nombramiento de ministros en el área educativa. Ha privado más la amistad de esos personajes, su fidelidad con los grupos de mando. En la repartición parcelar, se ha sido excesivamente descuidado al escoger funcionarios. Se ha atendido más a eso que llaman la intimidad, solidaridad y hasta dependencia del jefe que a la pertinencia del personaje para el cargo. Es muy difícil, desde el año 2009, hasta hoy, la larga etapa de 27 años, encontrar en la lista de ministros de educación, un personaje digno de destacar por su obra, sus valores como educador y solidaridad con la educación y sus colegas. Los pocos que ejercieron la profesión docente, lo hicieron por muy restringido tiempo, pues más fue el que dedicaron a la política y ejercer diferentes funciones.
Y se hizo frecuente, poner en esos cargos a personajes que, si bien fueron egresados universitarios, apenas salidos del aula, hasta con méritos, pero ajenos al área educativa y, quienes sí procedían de este mundo, sólo se habían desempeñado como dirigentes gremiales a tiempo completo o “profesionales”, como llamábamos a esos colegas en aquel tiempo. “Profesionales” del sindicalismo. Una cosa es ser sindicalista y otra educador.
El ahora ministro de educación lo fue por primera vez, acabando de graduarse de abogado; era apenas un muchacho; por esto y su profesión, una tampoco ejercida, era fácil evaluarlo no apto para el cargo; si para la tarea que debía realmente desempeñar. Pero en aquel momento, como cuando Gustavo Rossen, se necesitaba en ese despacho alguien comprometido principalmente con “el proyecto político y económico”. Alguien dispuesto a hacer lo que demandaba la contingencia; totalmente ajeno a la búsqueda de “la excelencia educativa”, para decirlo en palabras del actual ministro.
Si uno analiza y relaciona los tres objetivos o tareas que el ministro le asigna a la OBE, lo que de hecho ya es una intromisión en los asuntos inherentes a ese organismo estudiantil, encuentra que pareciera encomendar la tarea de enfrentarse a los docentes racional y necesariamente inconformes.
1.- La primera es una demanda infantil y quijotesca; vayan muchachos, recorran los caminos y todos aquellos escabullidos llévenlo a la escuela.
Piense esto el lector, que es exactamente lo que dijo el ministro. ¿Es esa la solución a un problema de fondo, estructural, como el que implica que los jóvenes no vayan o hayan desertado de la escuela? ¿Por qué no van? ¿Si antes, en los tiempos de Chávez, todos iban? ¿La opción es esa, “buscarlos casa por casa, si es necesario”? ¿Atenderán a ese sólo llamado? ¿Volverán? ¿Se quedarían? ¿Qué motivación tendrían para eso? ¿La inasistencia a la escuela es porque les hace falta un llamado? ¿Cuál? ¿De qué naturaleza y origen? ¿La sola persuasión de los muchachos de la OBE los llevaría y retendría en la escuela? ¿Qué les ofrece el ministro, aparte de la grata y generosa invitación de esos muchachos militantes? ¿Las relaciones laborales en Venezuela incitan al estudio? ¿Son las mejores o simplemente buenas las condiciones en Venezuela para asegurar que los padres pongan énfasis en la escuela para sus hijos?
2.- ¿El cumplimiento del calendario y horario escolar está siendo incumplido? Pareciera que sí, dadas las recomendaciones del ministro. ¿Pero discutió el ministro y los miembros de OBE los motivos de ese incumplimiento?
No es difícil predecir que ese incumplimiento sea real. Lo imagino verdadero. Pero del discurso del ministro no emerge una explicación, una causa de eso. Sólo se limita a sugerir la existencia de un conflicto, que imagino no es entre los alumnos y los docentes; más bien parece entre estos y su patrón. Y pone a los muchachos de OBE a enfrentar un conflicto que no es de su competencia y hasta intenta ponerlos contra sus maestros que, alguna razón tienen, para incurrir en esa falla o forma de protesta, la de incumplir con el horario y calendario escolar.
Es decir, el ministro intenta por esa desviación prevaleciente de la imposición, utilizar a los alumnos para enfrentar a sus maestros y profesores que, por alguna razón están descontentos o sin entusiasmo alguno para cumplir a cabalidad con el calendario y horario escolar. Él sugiere que, los docentes, no cumplen por irresponsables. Y siendo así, la forma de resolver tal asunto, es que los alumnos, busquen las formas de enfrentarlos y someterlos.
¿Es inteligente, valedera, sustentable, la idea que los docentes incumplen los horarios y el calendario escolar por capricho o simple irresponsabilidad? ¿Carece el ministerio, sin involucrar a los alumnos de capacidad y fuerza moral para tomar las medidas pertinentes en estos casos? ¿De ser cierto que, los docentes no cumplen con sus deberes, más con un patrón que si cumple cabalmente, por qué el ministro no toma las medidas del caso, cómo destituir a quien bien se lo merece y buscar sustitutos que pudiera haber bastantes deseosos?
Seguro que el ministro sabe, por lo menos eso, que la usual forma de combatir la inasistencia del docente, descontarle del salario cada hora o día incumplido, no tendría efecto alguno, dado la miseria del valor de la hora o día de trabajo.
¿Entonces cómo entender la eficacia, pertinencia del procedimiento ministerial? ¿Alguien, educador o no, le ve sensatez?
3.- El ministro llama a los estudiantes a participar en un debate que, según él, tendría como objetivo resolver el problema del déficit de profesores especialistas.
Según ese llamado, el ministerio y el sistema educativo carece del suficiente personal especializado en determinadas áreas.
El ministro, quizás porque eso no está en sus atribuciones, como no lo está en resolver el problema central que causa todo, lo que elude*, me refiero al salario, pareciera optar por una estrategia destinada a poner a los alumnos a confrontar a sus docentes. Una que, en el pasado, siempre terminaba en el fracaso, pues en las casas de esos muchachos, donde hay docentes y trabajadores mal remunerados, se sufren las calamidades. Es una opción que parece destinada a enfrentar a los docentes que, de alguna manera, luchan por subsistir, restándole tiempo a unas labores que no le son adecuadamente recompensadas. Pasa por alto el ministro que, el maestro, docente, tiene contacto directo con sus alumnos y suficiente oportunidad para inhabilitar esas maniobras. Y que los representantes padecen las mismas calamidades del maestro.
El ministro, cuando Delcy necesita calma y apoyo, esperando la oportunidad para encontrar salida, opta por provocar un choque que, lejos de ayudar a quien ejerce la presidencia, la afecta. **
*--** Ahora mismo, martes 31, a la misma hora de anoche, 24 horas después, en mi teléfono, por un medio diferente a “Prensa M.E”, el oficial, en este caso uno independiente, leo unas declaraciones del ministro, donde pareciera, habiéndose percatado de su error o recibido un llamado de atención, hace nuevas y distintas declaraciones, exhibido en un fotografía en compañía de un joven distinto al de antes, en las cuales “pide al sector educativo que se incorpore al debate, para ir tomando las decisiones que permitan, a medida que se recuperen los ingresos del país, seguir recuperado los ingresos de los maestros y maestras venezolanas”.
Cuando habló a los muchachos de OBE, debió empezar por reconocer una de las causas determinantes del deterioro del sistema educativo, dando la explicación que creyese conveniente y habitual, en lugar de excitarlos a hacer reclamos por las deficiencias en el sistema, lo que empieza en la deserción escolar, justo a quienes lejos de ser causante del problema, son de las primeras víctimas, los docentes. Quizás alguien previsivo, le advirtió del daño que con eso hacía, no sólo a los educadores y estudiantes, sobre el garrafal error de incitar a una confrontación entre ellos sino también al gobierno. Y posiblemente le hizo ver que hay cambios, hasta en la composición del gobierno.
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