?BASTANTE MONTANAS Y COJONES HAY AQUI? ?Y LAS SANCIONES ? UN DIAGNOSTICO DE CHAVEZ, COMO LOS DEL QUIJOTE(Eligio Damas)

Eligio Damas From: damas.eligio@gmail.com To: George Diaz Tue, Mar 31 at 3:35 PM ¿Bastante montañas y cojones hay aquí? ¿Y las sanciones? Un diagnóstico de Chávez, como los del Quijote Eligio Damas Explicar lo que está aconteciendo desde el 3 de enero para acá, a partir de ese día y hasta pocos años atrás, no solo es desacertado, sino estratégicamente inadecuado, pues insistiríamos en pasar por alto los errores del pasado que determinaron los acontecimientos posteriores e instauraron los liderazgos. Es un proceder acomodaticio, como lo es ocultar la responsabilidad de quienes, desde 1999 mismo, en lugar de asumir la lucha de conformidad a lo establecido en las leyes y esperar lo que el tiempo genera, optaron por la violencia y la ilegalidad, dándole al acontecer un rumbo diferente al pertinente. Por tomar un punto de referencia, pues a partir de algo hay que comenzar, EEUU, bajo la presidencia de Obama, optó por definir oficialmente a Chávez y su gobierno, como “peligro inusual y extraordinario”. Es evidente, no hay que esforzarse mucho para entender, cuánto daño han hecho y hacen las sanciones; pero también es verdad que, ese peligro, debió ser tomado muy en cuenta a la hora del diagnóstico y el hacer. No parece adecuado y sensato, pensar ahora que, en aquel momento, el presidente venezolano y sus asesores, sabían bien el carácter e importancia de las relaciones entre EEUU y Venezuela y el real peligro que había en todo. Como tampoco que, en el seno de nuestro gobierno de entonces, hubiese la necesaria claridad, más allá del discurso y los rezos, de lo que éramos, un país rentista, atado, por distintos medios, del capital, mecanismos financieros, rutas del tránsito dinerario, mercado y tecnología, al del norte. Pero también es sensato creer que, al parecer, las nacientes relaciones amistosas, en medio de aquella conflictividad extrema, con otras potencias lejanas, generaron esperanzas, forjaron ideas, según las cuales, de ellas derivaría la real fuerza y sustento para un cambio. “Si rompes conmigo, no me compras el petróleo, no importa, ya tengo el mercado asegurado”. Quizás por eso, Chávez dijo aquella frase, “si no nos compran una gota de petróleo, no importa, seguiremos adelante”. Es pertinente pensar que, todo eso sería solucionado en las nacientes amistades o relaciones más íntimas. Nuestro gobierno vio, en una rústica campesina de El Toboso, una bella dama de corte pretenciosa y en unos pacíficos y humildes campesinos, agresivos guerreros o bandidos. Y, al contrario, donde estaba el peligro, vio corderos y hombres temerosos. No es que, aquellos países sean débiles y pobres como Dulcinea, sino que no estaban ni están, en sus metas inmediatas, por distintas razones, hacer lo que el sueño del “caballero andante” anhelaba y esperaba con toda seguridad. Aparte de sus premuras y prioridades, está la distancia y la enorme maraña que ha creado el capital, los mecanismos financieros y tecnología. Pero como la de El Toboso, no era una linda dama de la corte, se nos vino la realidad encima y llegaron las sanciones, tan efectivas y reales que hundieron sueños y mostraron la falsedad de los diagnósticos románticos; tanto que ahora mismo, 26 de marzo de 2026, Luis Vicente León dice, lo mismo que percibo “Las sanciones van a estar ahí y van a permanecer durante mucho tiempo, ya que son entre otras cosas, el mecanismo de presión que utiliza Estados Unidos para provocar precisamente el proceso de apertura, pero también para controlar que esa apertura se haga dentro del lineamiento que ellos, de alguna manera, han puesto sobre la mesa”. https://www.aporrea.org/actualidad/n416967.html “Montañas y cojones”, de nada sirvieron, pues Trump entró como un rayo y halló a todos dormidos, la defensa militar y el espíritu combativo del pueblo venezolano, agobiado por tantas dificultades. Tan absorto en ellas estaba y está, que no distingue entre tirios y troyanos. Y eso se explica en diferentes motivos, fáciles de hallar, si se les busca. Espera mejorar su vida sin importar el cómo y eso está en la vida de la gente común; es la realidad viva; “lo importante es el comer, la moral viene después”. Por aquel diagnóstico como “revirao”, más tarde se promovió una “Ley de Zonas Económicas especiales” que, un como antecedente de las condiciones que Trump y sus aliados, el capital respectivo, pone ahora en el área petrolera. No obstante, pese sus excesivas complacencias con el capital externo, según muchos, empezando por Luis Britto García, no se ha traducido en nada concurrido, dadas las inseguridades que de Venezuela han emanado, como lo está demostrando el acontecer de ahora. Pues el capital, sin importar su origen, no es ninguna hermanita de la caridad; no va a meterse en una cueva u oscuro arrabal a correr riesgos sin ganancia segura. No importa la forma y color de sus ojos sino como mira. Por esto, una vez, dada la oportunidad, después de la muerte del presidente, le pregunté a Jorge Giordani, ya fuera éste del gobierno, pues antes eso, me hubiera sido algo más que un imposible, “¿Chávez no tuvo quién le advirtiera sobre el peligro de sus políticas?”, refiriéndome a lo de privilegiar la Faja y el abandono de las áreas de petróleo liviano y el manejo por demás atrevido y arriesgado de sus relaciones diplomáticas. Las respuestas que recibí me llevaron a la conclusión que, el presidente, se entregaba a sus sueños, deseos y genios ocultos en las deshabitadas islas del mar Egeo. El asunto pareció ser así de fácil. Por eso, se acompañó de aquel discurso heroico, romántico y alegórico, emocionado y emocional, intentando generar en el pueblo confianza y seguridad. Este no tenía por qué preocuparse, debía quedarse tranquilo, no estar vigilante y menos reclamar, porque había quien, por él, se ocupaba de todo. No era sólo un líder, más un vigilante que, desde el puesto de mando, allá arriba oteaba el horizonte, veía con claridad hasta en noches borrascosas, oscuras y su voluntad y buena fe, sobraban para llegar a puerto seguro. Aquel discurso del entonces presidente de Venezuela, contenido de las frases puestas en el título, parecían advertir a la gente, y hay quienes eso todavía creen, íbamos por buen camino. Hablaba a quien le escuchaba, que “sabía bien” de los riesgos que corría, con sus políticas e iniciativas destinadas a unir a América del sur y el Caribe, en un proyecto que, hasta donde sé, no tenía fundamento estructural, económico, ni político, sino puramente formal, declarativo que se expresaba en otros de sus discursos y abundante reuniones entre ese universo y la expectativa que, en todos, generaba el petróleo. Como que se llegó a la creación del CELAC, una alternativa diferente a la OEA, que prontamente fracasó. En el Caribe, con aquello de Petro Caribe, se ganó “el respaldo oportuno” de todos los gobernantes. El petróleo daba para eso y más. Hasta Guyana, rebajada la presión por el Esequibo, como lo hicieron gobiernos de la IV república, se acercó amistosa; mientras Cuba, pese todo, no varió su decisión y postura, según la cual, Venezuela no tiene razón alguna en su reclamo. Por cierto, esto me lleva hoy a preguntarme, ¿Qué hace Guyana hoy por el pueblo cubano acorralado, agredido y multiplicadas sus habituales calamidades? Puedo escribir esto porque, siendo uno de los tantos venezolanos que apoyó al presidente Chávez, bastante críticas le hice. En Aporrea, sólo por nombrar este medio, donde me acerco a la cifra de 3500 artículos publicados, la más alta de cualquier otro autor, bastantes críticas le hice, como una serie bajo el título de “Chávez y sus contradicciones”, del mismo modo que lo hice con Maduro, tanto que fui tratado como un opositor y pudo ser hasta como enemigo, pese sólo advertía por los errores. Lo que no hace nadie que se acerque sólo por ganar provechos y ventajas. Por este antecedente, me siento en libertad y con coherencia, para volver acerca de un tema que me interesa sobre manera y en donde es posible hallar respuestas adecuadas a las interrogantes que podamos hacernos ahora, cuando el gobierno de Trump y los potenciales inversionistas en el área petrolera, “parecieran”, dicho así para no pecar de extremista, de lo que suelo cuidarme, tener las llaves y hasta la brújula para determinar nuestra conducta, rumbo y destino. El 3 de enero, al margen de la opinión que se tenga del gobierno de Maduro y acerca de las elecciones del 28J, las fuerzas militares de EEUU lanzaron sobre parte del territorio venezolano una, sólo una, reducida y estratégica, “oleada”, como la llama Trump y secuestraron al presidente. Según versiones, hasta oficiales, las autoridades que, al secuestrado sustituyeron, recibieron llamadas amenazantes, de someterse o exponerse a nuevas y más agresivas oleadas. Y todo cambió, sin más oleadas. Las montañas que, en verdad tanto abundan, se quedaron solas como antes habían estado y “los cojones” se entumecieron. Y tal frase mía, no habla en verdad que nadie se haya acobardado, más bien, la reacción fue sensata, pues sería suicidarse y someter al pueblo todo a lo que el armamentismo y las desatadas agallas del capital estadounidense por nuestro petróleo, pudieran habernos hecho, más en un momento cuando la emergencia del capital estadounidense excita a Trump, tanto que lo ha llevado a deteriorar sus relaciones con sus aliados de la OTAN. Pues como expondré más adelante, la estrategia conveniente, de haber habido un diagnóstico adecuado, demandaba mucha diplomacia y “movimiento de muñeca”, bastante habilidad y permeabilidad. Voy a volver sobre algo que antes he dicho, David no derrotó a Goliat por arrojado, atrevido y hasta suicida, lo hizo por saberse superior, dadas su arma y capacidad de movimientos. No se lanzó a jugarse la vida por un sueño, sabía bien que era superior al gigante. Aquel diagnóstico nuestro, el mismo de la década del sesenta, repetido en el siglo XXI, envuelto en frase o frases, como dije, heroicas y románticas, nada tenía que ver con la verdad. Y eso no es extraño, en parte de América Latina, pese la cercanía a EEUU, los sueños convencionales de justicia, una sacada de un sombrero, impuesta y cuidada por una vanguardia heroica, fundamentada en sueños, alegorías quijotescas, en sueños y soluciones mecánicas, tomaron mucha fuerza en el siglo XX y reaparecieron en el XXI, en Venezuela, con más vigor que en ninguna otra parte. El Vietnam unido, después de aquella guerra que EE UU liberó en solitario y fue derrotado, pese el historial y recuerdo de Ho Chi Min, asumió una ruta, un modelo y contrajo unas relaciones muy pragmáticas y ventajosas para crecer y vivir en sana paz. Dejó atrás sueños que sólo podían generarle dificultades y se enfrascó en construir un modelo económico acorde a las reglas del mercado. Cuba, por circunstancias aún no muy bien estudiadas por quienes están obligados a hacerlo, ese es mi parecer, entró en conflicto con EEUU tempranamente; viéndose asediada, su gobierno, buscó auxilio en la URSS que, años ha había desaparecido del mapa; una sociedad de estricto capitalismo de Estado, cuyos recursos invertía, no atendiendo a la lógica del capital, buscando reproducirlo, sino en ganar adeptos en el mundo para su proyecto. Y si se quiere, portándose bondadosa y desprendida. De allí nació aquel sueño sin sustento, de un socialismo “financiado” por la URSS, que llegó al extremo de plantar misiles en la isla para contener las agresiones militares de EEUU. Y también la versión de un presunto socialismo, pero con un Estado dueño de todo, tal como el soviético, frente a las costas estadounidenses. Y haciendo un comentario aparte, no hay que olvidar, pese siempre se olvida que, ser dueño de todo lo material, hace del dueño, digamos por herencia e inercia, en un poder que dispone de todo. La caída del Muro de Berlín, la disolución de la URSS, el regreso de Rusia y los demás países integrantes de aquella estructura al modelo capitalista de antes, al clásico, con su lógica, dejó a Cuba sin base ni sustento. Rotas las bases o causas del sueño, Cuba quedó casi en la orfandad; su economía para nada creció, pues los cambios de modelo, dentro de aquella relación casi paternal de la URSS, pese los recursos de la isla entre, otras cosas, llevaron a una distribución poblacional ajena a un plan racional de crecimiento y bienestar. De modo que, a quien o quienes se les ocurra intentar responderse preguntas, como “¿Qué carajo pasó aquí?”, ¿Por qué llegamos donde estamos?, no es sano negar la realidad, como que no hubo fortaleza para enfrentar las persistentes agresiones, responder con pertinencia los tantos asaltos habidos, antes de ese 3 de enero, como fueron las sanciones. Menos eso que Trump llamó oleada, que según lo que comentan, dejó a nuestros militares “con el bate al hombro”. Pero también, esto es sustantivo, la multitud tampoco reaccionó. Estuvo ausente siempre una visión clara de las contradicciones y por supuesto, se incurrió en inadecuados manejos. El PSUV sufrió hondas mutaciones y las relaciones con potenciales, reales, aliados, fueron manejadas inadecuadamente. Es obvio que, “bastantes montañas hay aquí” y “cojones”, siempre los ha habido, pero eso no es suficiente, hizo falta “muchas cosas más”. Los viejos guerreros de las pequeñas “guerras civiles” en Venezuela, solían decir, “aquí lo que falta es un hombre con cojones” y también se equivocaron. Llegado muchos de ellos al poder, teniendo bastante “cojones”, como Castro y Gómez, su compadre y aliado de numerosos combates, por ejemplo, por falta de visión y de planes reales y de gran alcance, sucumbieron ante el gran capital, o este, “se los llevó en los cachos”.

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