EL SALARIO , LA LOT Y LAS PRESTACIONES SOCIALES. EL FANTASMA DE TEODORO PETKOF(Eligio Damas)

El salario, la LOT y las prestaciones sociales. El fantasma de Teodoro Petkof Eligio Damas Antes he contado, como a un académico amigo, quien me comunicó que, al día siguiente entrevistaría a Teodoro Petkof, siendo este, en 1994, Ministro de Cordiplan, en el segundo gobierno de Rafael Caldera, aquel que éste llamó del “chiripero”, le dije, “dile a Teodoro de mi parte, que se abstenga de resolverle a los empresarios sus problemas, que deje que ellos los resuelvan con los trabajadores y si actúa que lo haga como intermediario y momia. Que se cuide de no terminar pagando los platos rotos”. Aquella crisis económica, como suele suceder en la Venezuela rentista, asociada al negocio petrolero, llevó a Carlos Andrés Pérez a solicitar un crédito al FMI y por ende a someterse a las exigencias del mismo, lo que implicaba aumentos de distinta naturaleza, empezando en los servicios públicos y terminó en el “Caracazo” y luego en la aniquilación de un presidente que había ganado las elecciones con más del 65% de los votos. Pero también llevó a un fenómeno imprevisto, como que el Dr. Caldera, habiendo perdido el control de su partido COPEI, que optó por la candidatura de Álvarez Paz, formó una nueva organización, se lanzó de candidato con el apoyo de factores de la izquierda y finalmente ganó de nuevo las elecciones. Pero el nuevo presidente heredó las dificultades económicas de la gerencia anterior y, en general, derivadas del manejo del negocio petrolero. Los precios del hidrocarburo, habían llegado a niveles muy bajos, entre otras cosas, quizás la fundamental, porque la OPEP estaba siendo torpedeada, tanto que, algunos de sus integrantes, entre ellos Venezuela misma, violaban las reglas del organismo relativas a la oferta y demanda. Las cuotas de producción acordadas no se respetaban y se inundaba el mercado por encima de la demanda real. Una estrategia o maniobra orquestada por los grandes consumidores, particularmente EEUU. El gobierno mismo de Venezuela, el de Pérez, en su momento, había perdido el control del manejo de negocio petrolero, lo relativo a lo acordado en la OPEP. Lo que en un momento se llamó la “meritocracia petrolera”, operaba y decidía por encima de los intereses del Estado. Hay una anécdota que antes he contado, que es un fiel reflejo de aquello. Un domingo de diciembre, en su programa “José Vicente Hoy”, manejado por José Vicente Rangel, este hizo un anuncio aparentemente inusitado y anecdótico. Dijo que, en ese momento, por dos rampas diferentes del Aeropuerto de Maiquetía, habían despegado dos aviones. Uno, propiedad de PDVSA, iba lleno de gerentes de la empresa y sus familiares de visita y compras a Miami y en el otro, uno privado, iba como un pasajero más, acompañado de dos de sus funcionarios allegados, el presidente de la república, Carlos Andrés Pérez. Quien iba a EEUU en gestiones inherentes a su cargo. Un cuadro dramático y definitorio. Aquel anuncio de José Vicente, quien, si mal no recuerdo, no se detuvo mayor tiempo en hacer comentarios, fue un reflejo, por eso lo hizo, de cómo los gerentes de nuestra empresa petrolera, se manejaban como si fuese suya. Y, por eso mismo, afectando el ingreso nacional y la vida de todos los venezolanos, violaban las cuotas de la OPEP para depreciar el hidrocarburo. Ellos tenían más poder en PDVSA que el presidente de la república, siendo esa empresa y el petróleo de los venezolanos. Aquella gerencia atendía primordialmente a intereses ajenos a la venezolanidad. Aquello fue una versión muy discreta de la capacidad de EEUU para sancionarnos, manejarnos, de violar la soberanía usando a nuestra propia gente. Y eso, en buena medida, explica el fracaso del segundo gobierno de CAP, el Caracazo, la nueva entrada de Caldera a Miraflores y posteriormente el rotundo triunfo de Hugo Chávez. Pero también, el golpe de Carmona y el respaldo a este de la meritocracia petrolera. Bajo el segundo gobierno de Caldera, Fedecámaras, en virtud de la crisis, particularmente la salarial, propuso se modificar la LOT, particularmente, en lo relativo al cálculo de las prestaciones sociales que, según la Ley de 1991, debían calcularse por el último salario. Fue esa su condición para aceptar aumentos salariales y discusiones contractuales. Por esto, le dije aquello a mi amigo, como mensaje a Teodoro, con quien como antes he contado, había tenido dos largas conversaciones a solas en el Colegio de Periodistas de Barcelona. Mi idea era dejar que gremios sindicales y patronos resolvieran el asunto sin aparecer como promotor, pues pudiera salir de aquello ardiendo, como en efecto salió. Se ganó el crédito de traidor y vendido. La norma, puesta en la ley de 1991, fue modificada en 1994, siendo Teodoro Ministro de Cordiplan y gestor de aquellos acuerdos, de los cuales, como los aumentos prometidos, nunca se dieron. Lo único que resultó de ese “acuerdo” es que, en ese momento, los trabajadores perdieron una cláusula valiosa a cambio de nada convenientemente compensatorio. Pues tenían un salario que, mal que bien, después de duras luchas subía de alguna manera y hasta algún nivel. Y Teodoro salió golpeado, desacreditado y hasta evaluado como traidor del movimiento obrero y de las ideas que antes había defendido. Le pasó. lo que predije, cuando le envié el recado con mi amigo. Luego se vinieron los años y, con ellos, los aconteceres encima, variaron los diagnósticos del Estado, emergieron las sanciones y pudimos comprobar que había un enorme entramado como oculto para que ellas surtieran sus efectos y la “solidaridad, soñada en función de la existencia real y efectiva de un supuesto internacionalismo proletario”, más allá del poema, no se hizo presente, por lo menos con la fuerza requerida. Pero hay algo que muchos olvidan y como si no se dieran cuenta. Las leyes son modificables y tienen un poder relativo. No son dogmas ni están hechas para la eternidad, sino para regular un momento. El Estado venezolano y las clases dominantes hallaron en la legalidad de ahora cómo invalidar la ley del trabajo. Tanto que, se congeló el salario, el mismo que se ha devaluado tanto que, al calcular las prestaciones a un trabajador ahora, el saldo resulta una miseria y hasta burla. Y de paso, salario, aguinaldos y vacaciones desaparecieron. Es decir, la vigente Ley, de nada le sirve. Se calcula en base todo lo anterior en base 130 bolívares. Una cantidad casi tres veces menor que el valor de 1 dólar. Pero también es bueno recordar cómo, en tiempos de Chávez, se volvió a modificar la LOT y reponer el deber y derecho de calcular las prestaciones por el último salario. Es decir, como dije antes, las leyes van y vienen y lo sustantivo no está en la Ley, sino en los mecanismos y procederes que, en un momento de crisis, favorezcan a los trabajadores. Pues esas leyes, las mejores y más beneficiosas, pueden volver a reponerse. Se anuló la de 1991, mediante una miserable y triste negociación y se repuso en mejores condiciones posteriormente. El movimiento obrero o mejor de los trabajadores, el patrón, Fedecámaras y el Estado, están hoy inmersos en un serio conflicto. Uno que sigue oculto, aunque no tanto como antes. Fedecámaras teme que la reposición de la política salarial de conformidad con la LOT, congelada, le generaría un pasivo, por los años transcurridos de mucho valor. El mismo efecto surte sobre el Estado, sólo que este no tiene quién, por él llore. Pero mantener la cosa como ha funcionado, pagar al trabajador por bonos y a todos por igual, sin importar la jerarquía, años de servicio ni niveles académicos, no sólo tiene efecto inmediato en el cálculo de las prestaciones, sino sobre la sociedad toda. Esa forma de fijar los salarios que, de paso, invalidó el derecho a contratar colectivamente, terminaría por congelar a la sociedad venezolana. El incentivo del salario o la remuneración del trabajo para el crecimiento personal y colectivo, queda invalidado y Venezuela estaría destinada a estancarse o perecer. Y esto es de mucho más valor e importancia. Hemos llegado a un punto que, se hace necesario, despojarnos de los dogmas, más cuando estos han sido invalidados; de hecho, no se traducen en beneficio alguno y se impone abordar la discusión del asunto con la mente abierta y la perspicacia necesaria, para sacar provecho a lo inmediato y hallar una forma que permita reponer, lo que sea pertinente, acordado en el momento preciso. Las leyes no son dogmas ni son inmodificables. Si estorban e impiden desacuerdos, se revisan con cuidado y visión estratégica que impida la entrega y renuncia. Más contundente y significativo que la LOT, fue el haber comprometido al movimiento obrero a mantenerse ausente en el reclamo salarial y dejar ese derecho en manos del Estado. Todas las organizaciones de trabajadores, empezando por las del magisterio, se acostumbraron a aquella práctica; esperar días determinados para que el jefe del Estado anunciase los aumentos. Más que la gestión del Estado, decidida a impedir las protestas, lo que había que esperar, si entendemos el carácter y conducta de esta sociedad y modelo, ellas murieron antes, por aquella práctica. Y esta es más importante y determinante que una norma legal. Y esta conducta tuvo su origen en los tiempos de Chávez, lo que debería llevar a muchos, a quienes falta le hace a una profunda reflexión, sobre los roles del Estado, las clases y los trabajadores todos. Asomarse a esa discusión con el espíritu dogmático y la idea que, es preferible sacrificarse, renunciar a todo, pero no tocar los dogmas, no es la mejor forma para abordar la crisis de hoy. La reforma a la Ley de hidrocarburos, que ya está en vigencia, contiene decisiones “mas atrevidas” y hasta más susceptibles de dudas profundas que lo que pudiera convenirse transitoriamente, dada determinadas circunstancias, enunciadas en un acuerdo legal, en materia de salario. Estamos inmersos en una sociedad congelada, donde muchos factores están siendo igualmente afectados. Una de las cosas a discutir, es que las prestaciones, un pasivo que la empresa registra en su contabilidad, es un activo que invierte y produce ganancias. El trabajador entonces, por sus prestaciones cargadas al pasivo de la empresa, debe ser beneficiado por las que ese capital produce. Es decir, sus prestaciones, retenidas por el patrón a éste producen ganancias. El alma o fantasma de Teodoro Petkof, por una mala negociación, que no por negociar, todavía ronda y asusta. Reply, Reply All or Forward

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