HABLANDO DE UNA PERTINENTE DIRIGENCIA PARTIDISTA. EL PARTIDO UNICO, LOS PUESTOS AL MARGEN Y LOS DISTANCIADOS(Eligio Damas)

Mon, Feb 16 at 10:03 AM Hablando de una pertinente dirigencia partidista. El partido único, los puestos al margen y los distanciados. Eligio Damas Haber vivido por años, despiertos casi siempre, como quienes somos insomnes, ayudados por los libros y los pensadores que hablan, nos permite aprender y aprehender. “La vaina está”, como decimos al estilo coloquial, que uno esté abierto a la vida, siguiéndola hasta en detalles, le vea transcurrir y de ella tome lo que nos sirve y también lo que no, para no hacer uso racional de todo eso. Si algo aprendí, es que cada generación y tiempo, tiene su liderazgo pertinente, lo que no quiere decir, que sea de su tiempo, puede ser uno nacido en años anteriores, lo que importa es que se corresponda con lo que se lucha y en el cómo. El dirigente puede ser un viejo, pero uno que estuvo presente en el espacio de lucha e intercambió y compartió con todos y en función del real acontecer. Hasta donde ello sea posible, en los detalles. Lo que hace a cada quien inherente a su tiempo, es haber aprehendido el movimiento, la realidad, en lo que está envuelto, tanto que se desempeña y baila de conformidad y al ritmo de la música. Antes, en otros trabajos, he comentado como el MIR, sólo para hablar de este partido, porque fui de sus fundadores y viví de cerca su tragedia, al asumir la “armada”, como forma “principal de lucha”, cometió al mismo tiempo, dos errores garrafales. El primero, estuvo en el diagnóstico y la formulación de la guerra como opción de lucha, en aquel momento, determinados quienes eso asumieron, por lo que ocurría en otros espacios. Y hasta por atender una exigencia de quienes eso habían planificado, en función de su realidad y conveniencia. El cambio en la estrategia y forma de lucha, implicó mayores cosas que esas y hasta más significativas y trascendentes que, pocas veces, alguien haya tomado en cuenta, al momento de hacer los balances. A manera de ejemplo empezaré por decir que, en el MIR, la adopción de la “lucha armada”, como la preferencial y a la que se dedicó todo esfuerzo y recurso, de inmediato, produjo una división muy honda, pues buena parte de su dirigencia, con mucho liderazgo popular, como Domingo Alberto Rangel, se separó. Esto, de hecho, fue una merma de fuerza real, cuantitativa y bastante cualitativa. Pero eso no quedó allí. Aquella decisión implicó que la dirigencia política, en los distintos frentes, de vieja data, desde los tiempos de AD, con vínculos estrechos con gente de la calle y el movimiento popular todo, pasó a jugar un rol secundario. El rol dirigente, de hecho, lo asumió quienes estaban en el frente militar, hasta personajes anónimos, no siempre de los más aptos intelectualmente, quizás más atrevidos, arrojados y audaces, pues todos los demás debíamos trabajar en función, dirección e interés de ellos. Ahora, por ejemplo, en lugar de formar o buscar cuadros para la lucha en los frentes populares, en la calle, el campo, instituciones escolares, liceos, universidades, el movimiento obrero, había que hacerlo para hallar futuros guerrilleros. Pero eso implicó además que, la calle, mi calle, mi barrio, escuela y fábrica, los intereses nuestros, de quienes esos espacios compartíamos, no tenían valor e interés alguno. Lo importante era nutrir al movimiento guerrillero. Y eso se tradujo en un distanciamiento con el movimiento popular, agravado más por la lucha clandestina. Y aquel primer guerrillero que se instaló en la montaña, ignorado hasta por el gobierno mismo, ya que no era estorbo alguno, más bien ayudaba a deshacer la organización del movimiento popular en las calles, se convirtió en un ícono, una referencia supuestamente sustantiva. La historia lo puso en su sitio. Unos pocos años atrás, en gran medida, los mismos que posteriormente fundamos el MIR, acabando de caer Pérez Jiménez, emergimos de la clandestinidad como los dirigentes de AD; Simón Sáez Mérida, en Caracas, apareció como el dirigente que, al final, sustituyó a Leonardo Ruiz Pineda, en la lucha clandestina. Pero luchando brazo a brazo con él, había gente joven y hasta muy adultos de gran valor. Y eran ellos, en Caracas, como nosotros en Cumaná, los dirigentes verdaderos de AD. Pero cometimos un descomunal error, que de seguidas cuento. Cuando Betancourt llegó a Maiquetía, varios días después de caído Pérez Jiménez, fue recibido por un amplio grupo de gente, unos del CEN, máximo organismo de la dirección nacional partidista y otros viejos dirigentes, llegados muchos de estos de vuelta reciente del exilio. El CEN, en gran medida, en ese momento, lo formaban jóvenes, esos mismos que habían dirigido la lucha clandestina y construido un nuevo partido. Al bajarse del avión, Betancourt, sin preguntar nada, muy calculadamente, pues sabía de la realidad, empezó a saludar con efusivos abrazos a los compañeros de vieja militancia, simples exiliados que acababan de llegar, sólo unos pocos días antes que él, sin preguntar por quienes eran los verdaderos dirigentes. Con aquel gesto, estaba dando una orden y advirtiendo acerca de lo que había qué hacer. Aquel “muchacho”, que allí estaba, y de quien Betancourt sabía su existencia, por éste fue ignorado, deliberadamente. Tuvo alguien que tomar la iniciativa y llevar a Simón Sáez, ante Betancourt, para que ambos se conociesen, lo que, para Betancourt y los suyos, fue como un acto de sometimiento. O mejor, como para que el heredero de Leonardo, líder de la lucha popular que contribuyó a derrotar la dictadura, “conociese y fuese reconocido” por el recién llegado. Betancourt, era personaje ajeno y hasta enemigo de la lucha que se había dado, pues él, había sido, todo el tiempo que estuvo exiliado, que fueron 10 largos años, partidario de la lucha terrorista; una forma distinta a la que el PCV y AD, desde los tiempos de Leonardo Ruiz Pineda, asumieron; la de acercarse al movimiento popular, organizarlo y luchar por sus derechos hasta desembocar a aquellas grandes protestas populares de noviembre y diciembre de 1957. Betancourt, llegó con un plan, que comenzó a ponerlo en práctica, dejando de preguntar por la auténtica dirigencia, una manera de ignorarla; su plan era, desplazar la nueva dirigencia, extraña a él, y poner a sus adoradores, llegados del exilio, a comandar el partido en cada rincón de Venezuela. Y nosotros, ingenuamente, caímos en la trampa. Nunca escuché a nadie hacer una revisión o balance de eso; fue un ardid de Betancourt, como mágico, que todavía se mantiene oculto. No se apoderó del liderazgo juvenil, porque eso le era imposible; los suyos ya estaban muy viejos para eso. A partir de ese momento, los exiliados, viejos adecos que habían fracasado en la lucha contra la dictadura, por lo que muchos sin ser expulsados se fueron a protegerse, se convirtieron en los dirigentes del “nuevo partido” y quienes habían estado al frente de éste, en la lucha clandestina, pasaron a un segundo rol. Esto puso en ventaja a Betancourt en las luchas posteriores y el desenlace final, cuando las divisiones. Y convirtió a AD, un partido popular, de enorme influencia entre la gente, de pensamiento y acción progresista, en el instrumento que Betancourt y los suyos, sus más cercanos, quisieron. La AD, emergida a la legalidad el 23 de enero de 1958, a partir de ese momento, comenzó a descomponerse, transformarse en otra cosa y negarse a ser lo que le correspondía por el sueño, el trabajo de Leonardo y las demandas del movimiento popular. Y es curioso, como lo que narré al inicio, lo relativo a la adopción de la lucha armada y particularmente guerrillera, por el MIR, se tradujo en un cambio, en gran medida, de gran magnitud y cualitativamente hablando, de la dirigencia del partido. Yo me atrevería a decir, que los más sensatos quedaron afuera. Y fue tanto así, que los de mayor nombre y nivel cultural que asumieron la lucha guerrillera, en poco tiempo, se percataron que no sólo habían cometido un disparate, sino de enorme magnitud. Y algo parecido a eso sucedió en el PCV y hasta URD, pero les corresponde a otros, no a mí, abordar lo acontecido en esos espacios. Cuando Chávez llamó a la formación de un partido único, inherente a la fuerza gobernante, pese era yo militante del MVR, me opuse a eso y expuse mis argumentos. Aún no escribía en Aporrea y, esas opiniones, están en mi archivo de la prensa regional, lo que no me es ahora fácil de localizar. Y me opuse porque esa es una manera fácil de capturar la opinión y voluntad de la gente. Aplaudí a los sectores del PCV que a eso se negaron y mantuvieron su partido. Sería bueno que quienes formaron parte de aquellas organizaciones que aceptaron el llamado de Chávez, hoy fuera de toda participación, pues hasta ni lazos dejaron, como para influir con sus opiniones, hagan un balance y se pronuncien. Sería interesante averiguar el resultado real de aquella como simbiosis que se produjo por el llamado de Chávez a formar un solo partido. ¿Qué es realmente el PSUV hoy? ¿Es una perfecta armonía de la mayoría de los hombres y mujeres, militantes de los tantos partidos que lo integraron? ¿Más bien resultó un mutante absolutamente ajeno a aquellas ideas y sueños que lo inspiraron? Como dije al inicio, refiriéndome a la etapa de la lucha armada de la década del 60, los partidos MIR, PCV y hasta factores de URD, no tardaron mucho en percatarse del error que habían cometido. Esa lucha armada, suicida y ajena a la realidad, la mantuvieron o la siguieron, en gran medida, nuevos dirigentes, esos emergidos o nacidos con el parto o aborto que generó aquel pésimo diagnóstico; tan malo que fue copiado de situaciones diferentes y hasta en donde también se equivocaron. Y para finalizar, quiero llamar la atención sobre algo que, a mí, me llena de asombro, como que, en el partido de gobierno hoy, abundan muchos en rol de dirigente, que por lo mismo dicho arriba, no deberían estarlo.

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